taEl surgimiento en España, de numerosas y graves crisis alimentarias en los años 90, por infección a través de virus o contaminación con sustancias tóxicas, evidenció los vacíos legales y de regulación. Tanto a nivel local como, europeo, se hizo patente, la necesidad de establecer medidas y controles de seguridad alimentaria y de producción responsable. La EFSA, Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria,  fue una de las instituciones que surgieron en los años 2000, para dar soporte científico e independiente sobre seguridad alimentaria y consumo. Esta institución supone la base científica en la que se apoyan agencias europeas y gobiernos para generar políticas de seguridad, producción y consumo responsable.

Es un hecho que cada vez existen más filtros de autoridades sanitarias que intensifican el control del producto. Inspecciones fronterizas y establecimientos autorizados conforme a la legislación europea, establecen controles oficiales que persiguen minimizar el riesgo de contaminación. Casos como el aceite de colza, las vacas locas, la gripe aviar, la peste porcina, pertenecen al pasado y seguramente serían ahora más fáciles de detectar.

Sin embargo, estos acontecimientos, unido al exceso de información acerca de problemáticas que se están popularizando como contaminantes, tóxicos y sustancias “potencialmente peligrosas para la salud” socavan la confianza del ciudadano con respecto a las empresas y las políticas de seguridad pública.

Los consumidores en la mayoría de los casos, se encuentran con una excesiva «desinformación» y confusión a la hora de tomar medidas de consumo seguro y responsable.

Actualmente, muchos estudios de reconocido respaldo científico aseguran que la exposición a tóxicos, incluso en cantidades consideradas “aceptables” por organismos de regulación oficiales, así como la merma nutricional y en la calidad de los alimentos, debido a la contaminación del suelo u otros factores alusivos a procesos industriales, supone también un “riesgo potencial” para la salud. Sin embargo, sobre estos datos no hay un consenso a nivel global, aunque la FAO alerta de la urgencia de actualizar los métodos de medición. Especialmente, en lo que se refiere a sustancias peligrosas y sus niveles de aceptación en humanos.

EL SELLO DE CERTIFICACIÓN ECOLÓGICA Y RESPONSABLE, ES LA ÚNICA VÍA SEGURA.

Existen por lo tanto, impredecibles circunstancias que no controlamos que pueden estar escondidas en muchos de los productos que compramos. Buscar el sello de certificación oficial en calidad y sostenibilidad de los productos, representa actualmente la única vía posible ante tanta confusión.

El caso del Panga ilustraría ampliamente la confusión a la que se hace referencia. A colación de un artículo publicado a cerca de las malas condiciones en las que se producía este pescado, miles de personas dejaron de consumir éste pescado. Pero ¿qué hay de cierto en esa pésima imagen que adquirió este alimento en tan poco tiempo? Supermercados como Carrefour, entre otros, retiraron este producto.

Para cuando entidades oficiales entre ellas, El Ministerio Español de Sanidad, emitieron un comunicado acerca de que el panga, pasaba todos los controles de salubridad correspondientes, ya era tarde.  La percepción del mismo había bajado hasta el punto de que en un año, la exportación y el consumo bajó más de un 30%.

Lo cierto es que el panga, el pescado “anticrisis”, por su precio, es un pescado de baja calidad, con escaso nivel de nutrientes y omega 3. Por esta razón el comunicado que se emitió, desde cadenas como Carrefour, refería a que el pescado que vendían contaba con los controles de calidad exigidos y que la razón por la que se decidió retirarlo del mercado era medioambiental. En este sentido, sí se conocía el impacto negativo de las piscifactorías en el Mekong, Vietnam y las condiciones de “esclavitud” de los trabajadores, en buena parte de ellas. Por otro lado, éste era un río ya contaminado, dado que muchos de los desechos industriales, entre ellos los textiles, terminan inevitablemente en él.

Lo que cabría destacar, por lo tanto, es que aunque en el imaginario colectivo el panga era un pescado tóxico y contaminado, este hecho no fue confirmado por las autoridades sanitarias. El impacto medioambiental y social generado en su producción, eran las únicas razones corroboradas a cerca del panga.

Por el contrario, si es hasta ahora desconocido, que la mayoría del pescado que se comercializa hoy día, no cumple con los estándares de sostenibilidad, y sin embargo son consumidos diariamente en los hogares españoles.

En todo caso, ya sea panga o cualquier otro pescado, todo dependerá más bien de nuestro bolsillo, la única manera de asegurarnos que comemos pescado saludable y producido en condiciones sociales y medioambientales sostenibles, es buscar la certificación  MSC,  Cualquier alimento con sello ecológico y sostenible, te garantiza que es respetuoso con el medioambiente y libre de tóxicos y químicos peligrosos. El sello azul MSC, en los productos pesqueros, garantiza que procede de una pesquería sostenible que cumple con el Estándar de Pesquerías de MSC y a su vez, que las empresas que lo comercializan, cumplen con el Estándar de Cadena de Custodia en materia de trazabilidad. 

EL ACEITE DE PALMA NO ES PEOR QUE OTROS ACEITES, cuando se procesan de forma industrial.

De igual modo surgió la crisis del aceite de palma, a partir de un Informe de la Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria– EFSA. Sin embargo, si leemos con detenimiento este Informe el problema está en el refinamiento. El aceite de palma, es un aceite barato de baja calidad que constituye cerca del 50% de los productos industriales, en gran diversidad de categorías; sopas, salsas, bollería, margarinas, cremas, jabones, etc. En pocos meses se instaló en la población española la percepción de un aceite de pésima calidad que acarreaba problemas de salud en su consumo habitual. Consecuentemente y de forma creciente los ciudadanos rechazaban cualquier producto que en su etiqueta nombrara el aceite de palma.

Rafael Garcés, investigador del CSIC en el Instituto de la Grasa, explica en un artículo publicado en el Blog del CSIC, que el aceite de palma nació como sustituto del la grasa animal y del aceite vegetal hidrogenado, cuya grasas trans, resultaron ser tan perjudiciales como las grasas saturadas del aceite de palma.

Lo que es seguro es que el aceite de palma industrializado no es saludable, pero no más que cualquier otro aceite vegetal hidrogenado, que hemos y seguimos consumiendo sin reparo.  La razón por la que el aceite de palma se asentó más que otros aceites en el mercado, en todo caso está relacionada con sus bajos costes de producción. Consecuencia de ello, no tan conocidas son las repercusiones sociales y medioambientales de esta producción masiva.

 

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LAS CONSECUENCIAS DEVASTADORAS DEL ACEITE DE PALMA SOBRE LOS HÁBITATS.

La industrialización del aceite de palma, tiene como resultado  la destrucción de hábitats. Las masivas plantaciones de aceite de palma que reemplazan bosques tropicales, y el desarraigo de poblaciones indígenas, son consecuencias devastadoras. Borneo y Sumatra, concentran la mayor parte de la producción mundial de este aceite. La extinción inminente de especies animales como el  orangután es una de las nefastas consecuencias. Si quieres conocer más sobre esta problemática entra en orangutan.org.au .

 

Los investigadores coinciden en que el problema no está en el aceite en sí mismo, dado que en crudo, puede ser hasta beneficioso para la salud, si no en su proceso de refinamiento. Pero esto mismo ocurre, con el resto de los aceites utilizados en el procesamiento de los alimentos. Estos procesos de refinamiento industrial, se realizan para que los productos ganen en sabor y sean más duraderos. Por lo tanto, otros aceites que pasen por ese mismo proceso de refinamiento o hidrogenado industrial, liberan las mismas sustancias tóxicas para el organismo.

Según datos de la EFSA de hace menos de un año, El químico 3-monocloropropano diol (3-MCPD) y las sustancias relacionadas llamadas ésteres 3-MCPD son contaminantes del procesamiento de alimentos. Estas sustancias se pueden encontrar en algunos alimentos procesados ​​y aceites vegetales. El 3-MCPD y sus ésteres se forman involuntariamente en estos alimentos, en particular durante los procesos de refinación de los aceites.

Dicha entidad evaluó por primera vez los riesgos potenciales del 3-MCPD en 2016 junto con otro contaminante de procesamiento de alimentos llamado ésteres de ácido graso glicidilo (GE). La EFSA concluyó “los GE son una preocupación para la salud pública porque son genotóxicos y carcinógenos, es decir, pueden dañar el ADN y causar cáncer”.

El panel de expertos de la EFSA, se reunió en el 2018, con datos del 2016 para reevaluar qué cantidades mínimas son aceptadas por el organismo.

El profesor Christer Hogstrand, quien presidió el grupo científico que desarrolló el dictamen de 2016 y la actualización, dijo: «La EFSA decidió revisar su evaluación después de que el Comité Mixto FAO / OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios [JECFA] estableciera posteriormente un nivel seguro diferente”. Mientras que el Comité JECFA establecía como ingesta diaria tolerable, los 4 microgramos/k por peso corporal de 3-MCPD, la EFSA, establecía en su última revisión estableció, el límite en los 0.8 microgramos/K.

El mismo profesor argumenta: “Superar estos límites conlleva riesgos potenciales para el riñón y la fertilidad masculina”, entre otros ya nombrados.

Los datos son realmente preocupantes si consideramos la disparidad en el establecimiento de mediciones seguras, aunque por otro lado, incluso con estos datos, resulta difícil implementar en la vida diaria esos topes.

análisis CONTRAPUESTOS DE LAS PRINCIPALES AGENCIAS DE SEGURIDAD ALIMENTARIA, PONEN LA VOZ DE ALARMA.

Aunque vivimos en la sociedad de la información, los medios, incluido internet, están masificados de «noticias» comerciales y fake news. Por si fuera poca confusión, los diagnósticos científicos contrapuestos, nos dejan sin elementos para tomar decisiones acertadas. Solo el surgimiento de un ciudadano más crítico, capaz de leer entre líneas y comprometido, nos conducirá al tipo de sociedad que seguramente merecemos. Cuestionemos, cuestionemos y actuemos.

No obstante, declaraciones como ésta de la EFSA, generan excesiva controversia y plantea a gobiernos y corporaciones la urgencia de establecer acuerdos con medidas que regulen los límites en grasa y azucares. Plan para la mejora de la composición de alimentos y bebidas. Sea bienvenido todo avance a este respecto, mientras tanto optar por alimentos con sellos de certificación ecológica y sostenible, es ahora más que nunca, la opción más inteligente para asegurarnos calidad nutricional, no residuos, no tóxicos y una producción sostenible y responsable con la vida y el medioambiente.

 

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