Quizás el Black Friday se haya convertido en el emblema del hiperconsumismo, o quizás sea un día en el que podamos soltarnos la melena y decidamos acabar de una vez por todas, con la cantidad de excedentes en los comercios de ropa, electrónica y todo aquello que nos hemos resistido a comprar durante todo el año.  Visto así, no parece tan grave, porque aún nos quedan 364 días para relajarnos y no sucumbir ante el pánico de que se acaban los días en los que nos vamos a ahorrar mucho dinero, en aquellos artículos que tanto deseamos. 

El problema es que, en la mayoría de los casos, no existe tal ahorro. No en vano, que el “Black Friday” ha pasado a denominarse por otros muchos, como; el “Black Fraude”. Aludiendo al conjunto de estrategias de marketing que urgen a comprar antes de que descuentos de hasta el 70%, se acaben. En buena parte de los casos está demostrado que estás, sencillamente, siendo víctima de un timo en toda regla.

Existen plataformas que permiten traquear el precio de los productos durante los últimos meses.

Afortunadamente, hoy día surgen herramientas cada vez más precisas para evitar sucumbir al engaño. Plataformas como keepa, CamelCamelCamel, o el verificador de ofertas Minderest, que si bien nació para comparar los precios entre la competencia, ahora presta servicios al cliente final, permiten traquear el precio de los productos durante el último año.

Entrando en sus Webs e insertando el link del producto, podrás comprobar si al final, los que se llevan el gran chollo, son ellos y no tú. 

Pero el problema no es el Black Friday, porque todos estos días que se inventan los grandes almacenes para promover este tipo de consumo, que dice ser, activador de la economía, funcionan de la misma forma. La OCU, acaba de hacer público un estudio en el que monitorizó más de 25.000 artículos del pasado Single´s Day.

De los 25.000 productos analizados, el porcentaje de subidas de precio se situó en un 23%, frente al de bajadas que solo se dio en el 4% de los casos. Por lo tanto, solo el 4% de los productos analizados estuvieron realmente más baratos. La bajada de precios, según el informe, se situó alrededor del -5%, muy inferior, al precio publicitado.

La otra opción es practicar el consumo consciente y dar un respiro a la tierra.

La extracción y el procesado de los recursos naturales para la elaboración de un producto final conlleva un impacto negativo sobre la tierra, el agua o el aire, de dimensiones desmesuradas, comparadas con el precio del producto. Por esta razón, promover el consumo y la producción consistente con los límites del planeta, pasa por productos y servicios con costes más altos de producción, pero tambien más duraderos, fiables y éticos. 

Por lo tanto, existen opciones de marcas que trabajan en esta dirección y encajan con aquellos que tienen claro no participar de este circo y pasar directamente al escepticismo de la compra frenética e injustificada. Para todos ellos,  existen opciones, como las que propone “Patagonia”.

Esta marca de ropa deportiva y de montaña, lleva años promoviendo a través de fuertes campañas de comunicación la cultura del “comprar, si realmente lo necesitas”, o comprar menos, a través de consejos y programas de durabilidad y reutilización de sus productos. En cualquier caso comprar mejor calidad, evitando su reposición, en el corto plazo.

Esta es la prueba de que también se puede hacer “marketing for good”, o lo que es lo mismo, utilizar campañas de marketing para concienciar y cuidar de las personas y el planeta, mientras que fortalecen su imagen de marca y su revenue. 

Sin embargo, marcas como Patagonia, no se ganan su reconocimiento como marca sostenible por sus campañas de marketing o comunicación, si no por las acciones que realizan para reducir su impacto medioambiental y social en su actividad. Su negocio tiene sentido, solo si son capaces de cumplir con su objetivo de reducir los impactos sociales y medioambientales adversos de sus productos, de forma que puedan asegurar condiciones de trabajo seguras, legales y humanas, en toda la cadena de suministro. Cuando todo esto se da, lo fácil es comunicarlo.

Actualmente, según la Global Frootprint Network, cada año utilizamos 1,7 tierras en recursos, lo que implica que, si los niveles de producción siguen a este ritmo, pronto colapsaremos.

La Agencia de Medioambiente y control de Energía en Francia (ADEME) detalla el costo medioambiental, sin contar con el social, de la fabricación de unos simples vaqueros azules desgastados. Se fabrican alrededor de 1.000 millones de vaqueros al año, solo producir este tejido requiere 8.000 litros de agua, fabricar la prenda 2.000 litros más, 13 kilos de emisiones de CO2, añadidos a los 10 kilos de colorantes y químicos, con su correspondiente liberación al medioambiente, como el Reactivo Blue 19 que tarda en desaparecer 46 años. El efecto desgastado, se debe al empleo de medio kilo de cloro y por si fuera poco, el denim es 100% algodón, lo que implica que la producción de estos vaqueros, es responsable del 10% de pesticidas y el 25% de insecticidas utilizados en el planeta.

Por lo tanto, la visión estratégica de Patagonia no es fruto de la casualidad, es el resultado de un ejercicio de coherencia y de respeto a las personas y el planeta. Un ejemplo de marca sostenible, en el que reflejarse, porque éstas son las marcas que sobrevivirán a las nuevas generaciones.

Share This

Share This

Share this post with your friends!