Crisis alimentarias y desinformación

Crisis alimentarias y desinformación

El surgimiento en España, de numerosas y graves crisis alimentarias en los años 90, por infección a través de virus o contaminación con sustancias tóxicas, evidenció los vacíos legales y regulatorios a nivel local y europeo para establecer medidas y controles de seguridad alimentaria y en términos generales, de producción responsable. La EFSA, Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria,  fue una de las instituciones que surgieron en los años 2000, para dar soporte científico e independiente sobre seguridad alimentaria y consumo. Esta institución supone la base científica en la que se apoyan agencias europeas y gobiernos para generar políticas de seguridad, producción y consumo responsable.

Es un hecho que cada vez existen más filtros de autoridades sanitarias que intensifican el control del producto. Inspecciones fronterizas y establecimientos autorizados conforme a la legislación europea, establecen controles oficiales que persiguen minimizar el riesgo de contaminación. Casos como el aceite de colza, las vacas locas, la gripe aviar, la peste porcina, pertenecen al pasado y seguramente serían ahora más fáciles de detectar.

Sin embargo, estos acontecimientos, unido al exceso de información acerca de problemáticas que se están popularizando como contaminantes, tóxicos y sustancias “potencialmente peligrosas para la salud” socavan la confianza del ciudadano con respecto a las empresas y las políticas de seguridad pública. Los consumidores en la mayoría de los casos, se encuentran con una excesiva “desinformación” y confusión a la hora de tomar medidas de consumo seguro y responsable.

Actualmente, muchos estudios de reconocido respaldo científico aseguran que la exposición a tóxicos, incluso en cantidades consideradas “aceptables” por organismos de regulación oficiales, así como la merma nutricional y en la calidad de los alimentos, debido a la contaminación del suelo u otros factores alusivos a procesos industriales, supone también un “riesgo potencial” para la salud. Sin embargo, sobre estos datos no hay un consenso a nivel global, aunque la FAO alerta de la urgencia de la actualización de los métodos de medición, sobre todo en lo que refiere a sustancias peligrosas y sus niveles de aceptación en humanos.

Existen por lo tanto, impredecibles circunstancias que no controlamos que pueden estar escondidas en muchos de los productos que compramos. Buscar el sello de certificación oficial en calidad y sostenibilidad de los productos, representa actualmente la única vía posible ante tanta confusión, en muchos casos, generada intencionalmente.

El caso del Panga ilustraría ampliamente la confusión a la que se hace referencia. A colación de un artículo publicado a cerca de las malas condiciones en las que se producía este pescado, miles de personas dejaron de consumir éste pescado. Pero ¿qué hay de cierto en esa pésima imagen que adquirió este alimento en tan poco tiempo? Supermercados como Carrefour, entre otros, retiraron este producto.

Para cuando entidades oficiales entre ellas, El Ministerio Español de Sanidad, emitieron un comunicado acerca de que el panga, pasaba todos los controles de salubridad correspondientes, ya era tarde.  La percepción del mismo había bajado hasta el punto de que en un año, la exportación y por lo tanto el consumo bajó más de un 30%.

Lo cierto es que el panga, el pescado “anticrisis”, por su precio, es un pescado de baja calidad, con escaso nivel de nutrientes y omega 3. Por esta razón el comunicado que se emitió, desde cadenas como Carrefour, refería a que el pescado que vendían contaba con los controles de calidad exigidos y que la razón por la que se decidió retirarlo del mercado era medioambiental, puesto que sí se conocía el impacto negativo de las piscifactorías en el Mekong, Vietnam y las condiciones de “esclavitud” de los trabajadores, en buena parte de ellas. Por otro lado, éste era un río ya contaminado, dado que muchos de los desechos industriales, entre ellos los textiles, terminan inevitablemente en él.

Lo que cabría destacar en este sentido, es que aunque en el imaginario colectivo el panga era un pescado tóxico y contaminado, este hecho no fue confirmado por las autoridades sanitarias. El impacto medioambiental y social generado en su producción, eran las únicas razones corroboradas a cerca del panga.

Paradojicamente, la mayoría del pescado que se comercializa hoy día, no cumple con los estándares de sostenibilidad, y sin embargo son consumidos diariamente en los hogares españoles.

En todo caso, ya sea panga o cualquier otro pescado, todo dependerá más bien de nuestro bolsillo, la única manera de asegurarnos que comemos pescado saludable y producido en condiciones sociales y medioambientales sostenibles, es buscar la certificación  MSC,   Cualquier alimento con sello ecológico y sostenible, te garantiza que es respetuoso con el medioambiente y libre de tóxicos y químicos peligrosos. El sello azul MSC, en los productos pesqueros, garantiza que procede de una pesquería sostenible que cumple con el Estándar de Pesquerías de MSC y a su vez, que las empresas que lo comercializan, cumplen con el Estándar de Cadena de Custodia en materia de trazabilidad.

EL ACEITE DE PALMA NO ES PEOR QUE OTROS ACEITES, cuando se procesan industrialmente.

De igual modo surgió la crisis del aceite de palma, a partir de un Informe de la Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria– EFSA. Sin embargo, si leemos con detenimiento este Informe el problema está en el refinamiento. El aceite de palma, es un aceite barato de baja calidad que constituye cerca del 50% de los productos industriales, en gran diversidad de categorías; sopas, salsas, bollería, margarinas, cremas, jabones, etc. En pocos meses se instaló en la población española la percepción de un aceite de pésima calidad que acarreaba problemas de salud en su consumo habitual. Consecuentemente y de forma creciente los ciudadanos rechazaban cualquier producto que en su etiqueta nombrara el aceite de palma.

Rafael Garcés, investigador del CSIC en el Instituto de la Grasa, explica en un artículo publicado en el Blog del CSIC, que el aceite de palma nació como sustituto del la grasa animal y del aceite vegetal hidrogenado, cuya grasas trans, resultaron ser tan perjudiciales como las grasas saturadas del aceite de palma.

Lo que es seguro es que el aceite de palma industrializado no es saludable, pero no más que cualquier otro aceite vegetal hidrogenado, que hemos y seguimos consumiendo sin reparo.  La razón por la que el aceite de palma se asentó más que otros aceites en el mercado, en todo caso está relacionada con sus bajos costes de producción. Consecuencia de ello, no tan conocidas son las repercusiones sociales y medioambientales de esta producción masiva.

Al constituir el aceite de palma parte esencial de la producción industrial mundial,  la destrucción de hábitats, por las masivas plantaciones de aceite de palma que reemplazan bosques tropicales, y el desarraigo de poblaciones indígenas, son consecuencias devastadoras. Borneo y Sumatra, concentran la mayor parte de la producción mundial de este aceite. La extinción inminente de especies animales como el  orangután es una de las nefastas consecuencias. Si quieres conocer más sobre esta problemática entra en orangutan.org.au .

 

Los investigadores coinciden en que el problema no está en el aceite en sí mismo, dado que en crudo, puede ser hasta beneficioso para la salud, si no en su proceso de refinamiento, al igual que ocurre con el resto de aceites. Estos procesos de refinamiento industrial, se realizan para que los productos ganen en sabor y sean más duraderos, por lo que otros aceites que pasen por ese mismo proceso de refinamiento o hidrogenado industrial, liberan igualmente sustancias altamente perjudiciales para el organismo.

Según datos de la EFSA de hace menos de un año, El químico 3-monocloropropano diol (3-MCPD) y las sustancias relacionadas llamadas ésteres 3-MCPD son contaminantes del procesamiento de alimentos. Estas sustancias se pueden encontrar en algunos alimentos procesados ​​y aceites vegetales. El 3-MCPD y sus ésteres se forman involuntariamente en estos alimentos, en particular durante los procesos de refinación de los aceites.

Dicha entidad evaluó por primera vez los riesgos potenciales del 3-MCPD en 2016 junto con otro contaminante de procesamiento de alimentos llamado ésteres de ácido graso glicidilo (GE). La EFSA concluyó “los GE son una preocupación para la salud pública porque son genotóxicos y carcinógenos, es decir, pueden dañar el ADN y causar cáncer”.

El panel de expertos de la EFSA, se reunió en el 2018, con datos del 2016 para reevaluar qué cantidades mínimas son aceptadas por el organismo.

El profesor Christer Hogstrand, quien presidió el grupo científico que desarrolló el dictamen de 2016 y la actualización, dijo: “La EFSA decidió revisar su evaluación después de que el Comité Mixto FAO / OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios [JECFA] estableciera posteriormente un nivel seguro diferente”. Mientras que el Comité JECFA establecía como ingesta diaria tolerable, los 4 microgramos/k por peso corporal de 3-MCPD, la EFSA, establecía en su última revisión estableció, el límite en los 0.8 microgramos/K.

El mismo profesor argumenta: “Superar estos límites conlleva riesgos potenciales para el riñón y la fertilidad masculina”, entre otros ya nombrados.

Los datos son realmente preocupantes si consideramos la disparidad en el establecimiento de mediciones seguras, aunque por otro lado, incluso con estos datos, resulta difícil implementar en la vida diaria esos topes.

CONCLUSIONES

Aunque vivimos en la sociedad de la información, los medios, incluido internet, están masificados de “noticias” comerciales y fake news. Solo el surgimiento de un ciudadano más crítico, capaz de leer entre líneas y comprometido, nos conducirá a otro tipo de sociedad que merecemos. Cuestionemos, cuestionemos y actuemos.

No obstante, declaraciones como ésta de la EFSA, generan excesiva controversia y plantea a gobiernos y corporaciones la urgencia de establecer acuerdos con medidas regulatorias para productos que superan los límites en grasa y azucares. Plan para la mejora de la composición de alimentos y bebidas. Sea bienvenido todo avance a este respecto, mientras tanto optar por alimentos con sellos de certificación ecológica y sostenible, es ahora más que nunca, la opción más inteligente para asegurarnos calidad nutricional, no residuos, no tóxicos y una producción sostenible y responsable con la vida y el medioambiente.

Contaminación del suelo. Mientras se deciden, actúa.

Contaminación del suelo. Mientras se deciden, actúa.

 Muchos estudios actuales revelan que la calidad de nuestra alimentación se está viendo mermada, desde hace varias décadas, debido principalmente a la disminución de nutrientes en productos que suponen la base de nuestra dieta alimenticia.  Un aumento alarmante de la producción mundial, conlleva una sobreexplotación del suelo de cultivo y con ello, el uso de técnicas y sustancias químicas que permiten que los cultivos sean más “solventes”, en términos de cantidad, pero en detrimento de su calidad.

Se dan dos razones que justifican este aumento de la producción. La primera es el aumento de la población, que en las últimas décadas se ha cuadriplicado, y la otra, no menos importante, es el hiperconsumismo instalado en el mundo desarrollado. Según el Índice Planeta Vivo, elaborado por WWF en 2014, necesitaríamos como media, cerca de tres planetas para satisfacer las necesidades de consumo de la población mundial.

Esa pérdida de nutrientes es lo que nosotros percibimos en forma de cambio de color, sabor o textura. Cuantas veces habremos oído decir “estos melocotones ya no son como los que comíamos antes” o “este pollo parece de plástico”.Los menos jóvenes recuerden seguro el sabor de productos frescos, sin haber pagado más por ellos, era lo que existía hace algunas décadas. Actualmente, acceder a productos de elaboración tradicional, auténticos, frescos, sin exceso de hormonas o pesticidas, es todo  un lujo, pero un lujo cada vez más necesario.

El informe “Soil Pollution hidden reality” publicado por la Fao en 2018, hace apenas unos meses, saca a luz unos datos muy preocupantes sobre la contaminación del suelo en el espacio europeo. Después de analizar 76 plaguicidas diferentes en 317 suelos de EU, destinados a la agricultura, el estudio confirma la presencia de pesticidas en el 83% de los suelos analizados y mezcla de distintos tóxicos, en el 58%.

El estudio define “Contaminación del suelo” como; “Presencia de un producto químico o sustancia fuera de lugar y / o presente en una concentración superior a la normal que tiene efectos adversos en cualquier organismo no objetivo (FAO y ITPS, 2015). La contaminación del suelo a menudo no puede evaluarse directamente ni percibirse visualmente, por lo que es un peligro oculto”. El informe afirma también que la contaminación del suelo reduce la seguridad alimentaria, al reducir los rendimientos de los cultivos, debido a los niveles tóxicos de contaminantes. Por lo tanto, los cultivos producidos en estos suelos no son seguros para el consumo por parte de los animales y los seres humanos.

A pesar de que los estudios de suelos para identificar los contaminantes, sean difíciles y costosos, debido al continuo desarrollo  de compuestos agroquímicos e industriales y la transformación de los compuestos orgánicos, existe suficiente evidencia científica para confirmar que la contaminación del suelo supone un grave riesgo para la salud humana y el medioambiente. Más de 200 enfermedades, que van desde la diarrea hasta el cáncer, están relacionadas con la ingesta de alimentos contaminados (OMS, 2017b). El mayor órgano mundial de toma de decisiones en materia de medio ambiente, la UNEA, confirma que hay datos suficientes que sostienen que la contaminación del suelo está aumentando en cada región y supone un grave riesgo para la humanidad.

El estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, publicado en Science of the Total Environment, desvela que el 45 % de los suelos de cultivo europeos contienen residuos de glifosato y su producto de degradación más tóxico, AMPA, que suponen graves amenazas para la salud y se relaciona en otros estudios con el aumento del cáncer.

Hasta hace aproximadamente un año, este dato era difícil de sostener, dado que las grandes multinacionales que facturan miles de millones de euros, (ver datos de la patronal de fabricantes  AEPLA) apoyados por supuestos informes científicos externos e independientes, avalaban su inocuidad. Este hecho dio lugar a que la Comisión Europea renovara en el 2017, por 5 años más, el uso de este pesticida, ignorando incluso la petición del Parlamento Europeo de prohibir su uso privado o en zonas verdes.

Mientras tanto un informe de la Agencia Internacional de Estudios sobre el Cáncer (IARC), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, hacía una valoración opuesta a la presentada. Según numerosos estudios llevados a cabo por la organización, se concluyó que el glifosato es carcinógeno, y es incluido en la lista de sustancias de alta probabilidad cancerígena publicada por la IARC (se puede encontrar en la clasificación por Glyphosate, término en inglés).

Fruto de este exceso de incongruencia informativa, el Parlamento Europeo, encargó poco después,  una investigación a un grupo de expertos europarlamentarios, cuyas conclusiones se reflejan en  este Informe. En el mismo, se muestran “pruebas contundentes”  de que la evaluación sobre el glifosato que fue contratada por Montsanto al Instituto Federal de Evaluación de Riesgos (BfR), es literalmente, un “copy paste” de  la evaluación de los solicitantes de la industria (con Montsanto a la cabeza).

Actualmente, en el 2019, y después de muchas presiones de países,  organizaciones y plataformas civiles, para no llevar adelante la renovación de la venta de glifosato, la Comisión Europea, se encuentra ante la  encrucijada de pagar los costes de romper la negociación con Montsanto, o poner por encima de todo la salud, el medioambiente y en definitiva, el interés ciudadano.

Si bien, existe un reconocimiento global acerca de la contaminación del suelo, y se suceden los actos políticos y de organizaciones para encontrar soluciones viables y urgentes, como el Global Symposium of Soil Pollution (mayo 2018),  el precio que pagan los ciudadanos y nuestro ecosistema es muy alto. El deterioro está ya hecho y la confianza del ciudadano agotada ante la ausente intencionalidad política real, para evitar situaciones de riesgo prolongadas, guiadas por intereses comerciales. Supuestamente, nuestra seguridad alimenticia así como el daño medioambiental, debiera estar avalada por derecho, tal y como se detalla, en el principio de precaución, artículo 191 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE). Se relaciona con un enfoque de la gestión de riesgos, en el que si existe la posibilidad de que una política o acción determinada pueda causar daños al público o al medio ambiente y si todavía no existe un consenso científico sobre el tema, la política o acción en cuestión, no debe ser llevada a cabo. Una vez que haya consenso científico e información suficiente y disponible, la situación debe ser revisada. Por esta razón, no debería haber ningún producto en el mercado hasta que se demuestre de forma consensuada que no es perjudicial para la salud y nuestro ecosistema 

LA DEMANDA QUÉ SALVARÁ EL MUNDO

 

Un ciudadano cada vez más crítico y consciente del hiperconsumismo actual está emergiendo y busca opciones que le permitan a nivel individual y colectivo, poner freno a la degradación de nuestro ecosistema y la vida en general. Un ciudadano, al mismo tiempo, convencido y dispuesto a plantar cara al hecho de  “ser meros títeres a expensas de nuestra propia naturaleza para soportar una exposición creciente a tóxicos y químicos que degradan la vida”.

 La alimentación ecológica, en ese sentido, se plantea como una alternativa a una alimentación cada vez más artificial y como mínimo, de dudosa salubridad a medio/largo plazo.

Aunque plantear una dieta familiar en base a productos ecológicos no es siempre viable 100%, en términos de accesibilidad y precio, existen otras opciones, que permiten “democratizar” es decir, HACER ACCESIBLE A TODOS, una alimentación sana y con garantías. Por un lado, está el consumo local y en proveedores directos de confianza, y por otro, la marca blanca ecológica de los supermercados, que aunque no siempre son productos locales, nos garantiza productos cultivados en tierras regeneradas, sanas, sin pesticidas tóxicos y sin modificación genética. Estos alimentos llegan en forma de marca blanca a algunos supermercados como Aldi, Lidl, Alcampo o Carrefour. Su gama blanca es asequible y lleva certificación europea.

UN FUTURO CERCANO

Existen varias razones por las que pensar en un futuro más esperanzador. España, es el país con mayor extensión de suelo ecológico cultivable, más de dos millones de hectáreas de agricultura ecológica. El consumo ecológico crece en España 18 veces por encima del producto convencional, según datos de MAPAMA del 2018.  A este ritmo, se plantea un escenario muy ambicioso para el productor español, que tendrá que cubrir una demanda creciente y que ya no tiene marcha atrás. El poder de la demanda, generará un nuevo panorama al sector productor que tendrá que adaptarse a las exigencias de sostenibilidad y ecología del nuevo consumidor.

Fast Fashion vs Fast Food

Fast Fashion vs Fast Food

La relación entre el consumo frecuente de “fast food”, y problemas de salud como la diabetes o la obesidad  es parte del saber popular. Sin embargo, ¿se conocen realmente las consecuencias de vestir todos los días “fast fashion”? Una verdad tan incómoda como costosa.

 En el caso de la comida rápida, el fácil acceso a este tipo de comida, su costo y la falta de tiempo disponible, hace que ocasionalmente caigamos en la tentación y asumamos con cierto placer y sin exceso de remordimiento, esa ingesta de grasas saturadas y de azucares 10 veces por encima de lo aconsejado. Sorprendentemente no se utiliza la misma lógica cuando hablamos del “fast fashion”, por lo que, a casi nadie se le ocurriría pensar que vestirse en los grandes representantes de la “ropa rápida” es el mismo acto insano y debería ser relegado a momentos puntuales. La razón es de una lógica aplastante, si consumes durante tres meses de forma habitual hamburguesas y cocacola, engordarás fácilmente 6 kilos, y los análisis de sangre, seguramente te dirán que estás haciendo algo mal. Sin embargo,  el uso habitual de este tipo de ropa no es algo que podamos ver ni tan a corto plazo, ni tan directamente.

El algodón, material principal en la confección textil,  representa el 17% de las liberaciones de insecticidas globales más que cualquier otro cultivo individual. Se aplica casi 1 kilogramo de pesticidas peligrosos por cada hectárea de algodón.

Los efectos negativos para el suelo y la salud de pesticidas y herbicidas químicos han sido ampliamente relacionados con químicos y agroquímicos. Es precisamente la exposición a bajas dosis y largos períodos lo que la FAO, (Food and Agriculture Organization of United Nations) considera una verdadera amenaza.

Al igual que en la industria alimenticia, en la textil, la calidad del trabajo, pero también los ingredientes y las formas de elaboración, se adaptan de forma casi exclusiva a necesidades de consumo inmediato y masivo, a bajo precio de costo y producción.

Algunos de estos químicos incluyen además; siliconas, aceites crudos como el petróleo, metales químicos, retardantes de fuego, amoniaco, entre otros, que el cuerpo humano puede absorber a través de nuestro órgano más grande, LA PIEL

En la lógica empresarial de máximo beneficio a menor costo, es sencillo concluir que para cumplir con estos bajos niveles de costes en producción e inmediatez, las empresas tengan que acudir a bajar la calidad de los procesos y los materiales. En el caso de la industria textil, el algodón más barato se produce en Uzbekistan, seguido por La India, Vietnam y China, donde el uso de mano de obra barata y la explotación infantil están extrechamente ligados. A esto, habría que sumar la calidad del trabajo y la exposición constante a sustancias peligrosas derivadas del uso de pesticidas y otros residuos químicos, presentes en los materiales utilizados en los procesos de producción.

Informes recientes de la FAO y UNEA coinciden además que pesticidas como el glifosato (Ácido aminometilfosfónico) o el DDT son altamente perjudiciales para la salud, en cualquier cantidad.

La denominada “fast fashion” no es por lo tanto lo saludable e inofensiva que nos gustaría desear. Cócteles químicos, disruptores hormonales y metales pesados ​​permanecen invisibilizados en las fibras de esa maravillosa y moderna ropa que acabamos de comprar en los grandes almacenes, para ser absorbidos por los poros del órgano más grande de nuestro cuerpo, nuestra piel. Por si fuera poco, cuando usamos telas como el nailon, el poliéster, el acrílico y el acetato (que están hechos de aceites como el petróleo crudo), nuestro mecanismo natural de eliminación de toxinas hace que los poros se abran y absorban dichas sustancias, cuyos efectos se relacionan directamente con dolores de cabeza, náuseas, erupciones en la piel, problemas respiratorios y desequilibrios endocrinos.

 Al igual que el plástico, las fibras petroquímicas impiden la respiración corporal y tintes como el azo y el añil sintético que se usan comúnmente para colorear ropa barata, contienen formaldehído y liberan aminas aromáticas, de las cuales ambas se han relacionado con el cáncer (American Cancer Society).

La agencia medioambiental de Naciones Unidas así como la OMS , Organización Mundial para la Salud, advierten de los riesgos para la salud de ciertos agroquímicos comercializados y utilizados hoy sin cortapisas. Por otro lado, los sistemas actuales de evaluación del riesgo son inadecuados para sustancias disruptoras endocrinas (alteradores hormonales, relacionados con el cáncer de testículos y mama, entre otras muchas enfermedades). La comunidad científica duda de que haya un nivel mínimo seguro y advierte sobre el “efecto cóctel” que provoca la exposición simultánea a diferentes sustancias y por diferentes medios, (piel, aire o por la ingesta de alimentos contaminados).

 En un informe emitido por la OMS, en el año 2012, acerca de las enfermedades endocrinas, se alertaba sobre el aumento de  dichas enfermedades y excluía los factores genéticos dada la proliferación de las mismas en los últimos 40 años. El Informe aludía concretamente a la falta de un sistema transparente de evaluación del riesgo para la salud humana, en la mayoría de los productos químicos comercializados.

En palabras de Dolores Romano, directora de políticas de sustancias químicas del European Environmental Bureau “La regulación de los disruptores endocrinos en Europa está paralizada por la presión que ejercen los fabricantes de pesticidas sobre la Comisión Europea y sobre los gobiernos de varios países europeos”

La historia nos enseña, y si traemos a la actualidad sucesos del pasado, seremos capaces de entender cuanto de cierto hay en estas palabras y cuanto camino queda por recorrer. El Ardicarf, sustancia química “altamente peligrosa, utilizada como pesticida durante décadas supuso la muerte directa e indirecta de miles de personas.  Bayer, comercializadora de dicha sustancia, retiró el producto del mercado por supuestos motivos comerciales y hasta acabar existencias, a finales del 2014. Demasiado reciente para no vivir al menos consciente.

Para los que sí se toman en serio la vida y el medioambiente, existen muchas prendas certificadas como orgánicas y responsables con el medio ambiente, hoy día ya muchas grandes marcas como HM, están trabajando para incluir la sostenibilidad en algunas de sus colecciones, encontrarás en las etiquetas detalles sobre materiales y procesos.

Usa prendas recicladas o busca la certificación de las prendas que compras. Fibras textiles como hemp, orgánic cotton o bambú, son alternativas sostenibles. Si ya has decidido pasarte a la Moda Responsable, han surgido muchas marcas que seguro te harán sentir bien y a la moda. Echa un vistazo al directorio de www.modaimpactopositivo.com

TAMBIÉN TÚ PUEDES FRENAR EL CAMBIO CLIMÁTICO

TAMBIÉN TÚ PUEDES FRENAR EL CAMBIO CLIMÁTICO

El best seller del escritor y activista Paul Hawken,   ha servido un año después de su publicación como guía estratégica para empresas, gobiernos y ciudadanos, sobre cómo atacar el cambio climático y avanzar en soluciones prácticas que hasta la fecha no se habrían imaginado. Para Hawken, el cambio climático representa un camino hacia un futuro mucho mejor: más limpio y sano, con mejores trabajos, más seguridad y más vida en el planeta. Por lo que es imprescindible avanzar por el camino de las soluciones en su sentido más amplio.

En su libro, hace un llamamiento a gobiernos y corporaciones, para iniciar los cambios globales y a escala, pero incide en el cambio de pensamiento, de hacer y vivir de cada individuo.

En España hemos pasado del agotamiento del discurso sobre el cambio climático a la acción, al reconocimiento y entendimiento de que tampoco debemos esperar a que las decisiones las tomen gobiernos y corporaciones. Surgen cada vez con más fuerzas asociaciones y entidades o proyectos que trabajan en la economía circular y la innovación para la sostenibilidad. La descarbonización, la reducción de residuos tóxicos, plásticos, y las alternativas ecológicas, surgen y se incorporan rápidamente en el día a día de los ciudadanos. Se empieza a asumir que eso del Cambio Climático, no es algo que nos queda lejano y fuera de nuestro ratio de acción, no solo tiene que ver con la desaparición de las especies o las fatales consecuencias del deshielo, si no que las consecuencias, ya las estamos sufriendo. La concentración de dióxido de carbono en el aire, provoca extremos climáticos como grandes sequías o desastres naturales, y también la contaminación del aire que respiramos, que según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), es responsable de siete millones de fallecimientos al año. Según el último informe de la Organización nueve de cada diez personas respiran aire contaminado.

¿Cómo podemos actuar desde la ciudadanía para revertir esta tendencia? Solo adoptando 6 estrategias de las 100 que Hawken describe en su libro, serviría como punto de partida para iniciar profundos cambios en el contexto español.

  • LOS BENEFICIOS DE CONSUMIR MENOS CARNE Y DE MEJOR CALIDAD. Los españoles somos grandes consumidores de carne. Consumir menos carne y de mejor calidad podría ser una solución no solo para reducir el impacto ambiental, sino también para nuestra salud. Un exceso de consumo de carne de baja calidad y hormonada, así como de carnes procesadas, está directamente relacionado con algunos tipos de cáncer y serios problemas de salud (OMS). Según datos de Servimedia, España ocupa el segundo puesto europeo en cuanto al consumo de carne por persona al año. El actual modelo de ganadería industrial es “totalmente insostenible”, dado que por un lado, necesita al año alrededor de 48.000 millones de metros cúbicos de agua y por otro, es responsable de más de 85 toneladas de CO2.

Según un reciente informe publicado por WWF, reducir el consumo de carne roja, podría reducir las emisiones de gases efectos invernadero en un 30% para el 2030. El informe Drawdown confirma que una quinta parte de las emisiones de gases proceden de la industria cárnica y el consumo mundial sigue incrementando.

Volver a la pirámide de la alimentación, tal y como nos enseñaron, es la solución más segura, más frutas, vegetales, cereales enteros y menos carne.

  • CAMBIAR A SISTEMAS DE REFRIGERACIÓN o CLIMATIZACIÓN DE BAJO CONSUMO ENERGÉTICO. Los sistemas de refrigeración que predominan especialmente en países cálidos, como España, son causantes principales de la emisión de hidrofluorocarbonos (HFCs), directamente relacionados con el cambio climático. En la enmienda de Kigali de 2016 al Protocolo de Montreal de 1987 de las Naciones Unidas se llegó a un acuerdo mundial para la eliminación de los hidrofluorocarbonos. Según este acuerdo, se prevé una reducción  del calentamiento global en casi un grado Fahrenheit.

Para luchar contra la emisión de estos gases con efectos extremadamente dañinos para el medioambiente Greenpeace en 1992 logro diseñar la tecnología Green freeze, refrigeradores de baja emisión de HFCs. Actualmente hay más de 800 millones de refrigeradores Greenfreeze domésticos e industriales, en todo el mundo.

Esta tecnología greenfreeze permite ahorrar hasta un 80% de energía comparado con un refrigerador común. Por eso, cuando estés pensando en comprar un electrodoméstico elige bien la tecnología, por que optar por una tecnología ecológica (sin HFCs), te permite no solo evitar contaminación, sino mejorar la economía de tu hogar. Su denominación comercial en España es “Greenfresh”, en las especificaciones debes encontrar la etiqueta: R-600a.

  • MENOS VEHÍCULOS POR FAMILIA Y MENOS CONTAMINANTES. Aunque los datos sobre la tenencia de vehículos en las grandes ciudades como Madrid, Valencia o Barcelona, ha bajado levemente los últimos años, en favor del transporte público, seguimos siendo uno de los países con más coches por habitante. Lejos del sistema nórdico en el que la tenencia de coches no ecológicos es “poco aconsejable” por la carga impositiva que conlleva y la mayor accesibilidad en bicicleta, en España también cada vez resulta más atractivo la compra de vehículos de energía alternativa. El plan VEA, del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, que entró en vigor en julio de este año, supuso una ayuda de entre 500 y 18.000 euros según la categoría del vehículo y la motorización. Actualmente, la Consejería de Economía de la Comunidad de Madridtiene un plan en marcha que destinará 2 millones de euros para ayudas a fomentar la compra de vehículos eléctricos de baterías, eléctricos de autonomía extendida, híbridos enchufables, vehículos de hidrógeno y aquellos impulsados por gas como los GLP y GNC. Ver bases.

En España existe todavía mucha desinformación sobre los vehículos eléctricos, o con energías renovables. Desde AUVE, Asociación de Usuarios de Vehículos eléctricos, se quiere recalcar que con ayudas como la partida de VEA – alrededor de 50 millones entre ayudas a compra de vehículos y puntos de recarga – se cubren en buena medida los costes extraordinarios de adquirir un vehículo ecológico, pero que el gran ahorro en combustible y reparaciones suple en muy pocos años ese esfuerzo inicial.

A pesar de las ayudas,  no se puede negar que todavía estamos a la cola de Europa en infraestructuras y ayudas, sin embargo, mientras que no aprovechemos la oportunidad de cambio hacia una movilidad más sostenible y eficiente, no podremos hablar de progreso. En un  futuro muy próximo, las ciudades serán muy diferentes a las que conocemos hoy día.

  • CERO DESPERDICIO. Según datos de la FAO, producimos comida para 12.000 millones de personas, y somos unos 7.300. Este exceso de producción genera grandes pérdidas a la industria alimenticia, por un lado y una de las mayores huellas medioambientales. (producción y destrucción del sobrante). El problema ahora no parece ser únicamente cómo alimentar a una población mundial creciente, si no cómo dar eficiencia al producir y al consumir, dado que 1/3 de la comida acaba en la basura.

Mientras que aumenta la consciencia ciudadana en relación a la problemática y mejora la gestión en los hogares, surgen al mismo tiempo apps que permiten reducir el desperdicio de la comida poniendo en contacto restaurantes y hoteles con consumidores que quieren comprar a un precio inferior la comida sobrante con todas las garantías de salubridad. Una de ellas es  wesaveeat o toogoodtogo, recientemente instalados en España.

  • PRODUCCIÓN ECOLÓGICA Y LOCAL. La contaminación del suelo por una pésima gestión de la tierra de cultivo como los monocultivos o el exceso de fertilizantes, plaguicidas, herbicidas, productos derivados del petróleo que se liberan o descomponen en el medio ambiente, conlleva serías implicancias en nuestra alimentación. Según un Informe de  Naciones Unidas de este mismo año, el uso de la tierra de cultivo, junto con las actividades industriales, desechos domésticos, ganaderos y urbanos, dejan como resultado un  suelo contaminado con sustancias nocivas como arsénico, plomo y cadmio,  productos químicos orgánicos, hidrocarburos aromáticos policíclicos o productos farmacéuticos -como antibióticos o disruptores endocrinos.

Todas estas sustancias suponen un grave riesgo para la salud humana, asegura el informe “La contaminación del suelo: una realidad oculta”. Sustancias tóxicas en los alimentos o la  pérdida de nutrientes, son las consecuencias más inmediatas. Adaptar la tierra a las condiciones medioambientales, como cultivos que requieren menos agua en zonas con mayor sequía, agricultura ecológica o iniciar la adaptación de la tierra al cambio climático, se plantean como soluciones prioritarias. Es esencial que la ciudadanía tome conciencia de la problemática y adapte también su alimentación a estas condiciones y eligiendo productos de producción ecológica, estacional y local.

  • CAMBIA A UN PROVEEDOR DE ENERGIA RENOVABLE. Según datos de La Agencia Europea de Medioambiente, EEA,  las plantas de producción de energía eléctrica a partir de combustión de carbón, son las principales responsables de la contaminación del aire. Las emisiones de las cinco grandes empresas energéticas —Endesa, Gas Natural Fenosa, EDP, Iberdrola y Viesgo— suponen un 44% de las emisiones fijas y un 17% del total de las emisiones producidas en España. Aunque todas están iniciando sus planes de abastecimiento a partir de fuentes renovables, siguen muy por detrás de la urgencia actual.

Tomar la decisión de elegir un proveedor de energía renovable ya es posible y estaremos forzando al mercado a producir electricidad a partir de fuentes no contaminantes. Proveedores como Hola Luz o Syder, proveen de energía 100% renovable y certificada sin instalaciones especiales, ni incrementos en factura. A pesar de los mitos sobre las “energías limpias”, no son más caras, y sí más eficientes y respetuosas con el medioambiente.

LA GUERRA CONTRA LOS PLÁSTICOS

LA GUERRA CONTRA LOS PLÁSTICOS

Aunque toda la temática relativa a los plásticos está ampliamente difundida e interiorizada en la población mundial, no está tan claro, en términos generales, que se conozca en profundidad, su repercusión a nivel medioambiental, en la salud humana y animal. Se sobreentiende que el plástico es contaminante en gran parte porque no se destruye y por esta razón contamina, ensucia, invade nuestro territorio.

Las imágenes de millones de plásticos y microplásticos flotando en los océanos, son imágenes que casi todos tenemos gravadas en nuestras mentes. Sin embargo, no se trata de un tema estético  o simplemente desagradable a la vista. La fauna marina, desde torturas, delfines a peces que forman parte de la dieta humana, confunden plástico con comida, el plástico causa la muerte en muchos casos a estos animales y en otros, entra a formar parte de nuestra cadena alimenticia.

Según un estudio reciente de la Universidad de Plymouth, se encontraron restos de plásticos en la tercera parte de los peces pescados en las costas atlánticas.

Para hacer más flexibles y duraderos los plásticos en muchos casos llevan sustancias químicas que en su descomposición, suponen un riesgo para la salud, ya que liberan tóxicos que en altas cantidades, son perjudiciales. Componentes químicos como los ftalatos están en el ojo de mira de muchas agencias de regulación, ya que si bien, no existe evidencia científica sobre su toxicidad en cantidades definidas, si se habla de un potencial riesgo para la salud humana si la exposición es alta. Pero cómo puede el ciudadano controlar que cantidad mínima ingiere y cual sería en todo caso, el efecto coctel, cuando se suman otros muchos productos que también refieren a cantidades mínimas.

La controversia sigue existiendo debido a que los riesgos reales de nuestra exposición todavía no están suficientemente probados y son todavía desconocidos. Seguramente por ello “La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria” advirtió sobre el riesgo potencial para la salud humana y la seguridad alimentaria, la contaminación por micro-plástico presente en los tejidos comestibles de muchos tipos de peces comercializados.

El fenómeno hoy denominado “Sopa de Plásticos”, no es más que todos aquellos micro trozos de plástico que flotan en nuestros océanos, pero que también viajan por el aire, y están presentes en nuestras cremas, pañales, bastoncitos de algodón, productos de higiene en general, o en las botellas de agua que bebemos, por poner algunos ejemplos.

Aunque resulte increíble, el plástico forma parte de nuestras vidas desde hace poco más de 60 años.  En aquel momento el plástico supuso una revolución en su tiempo, y llegó a transformar toda la industria;  embalaje, almacenamiento, transporte, cosmética, higiene personal, textil, nutrición, ingeniería, etc. Sin embargo, no mucho después empezaron a surgir estudios con peso científico que hablaban de los riesgos para las especies acuáticas, el medioambiente y la salud humana. En 1969, los toxicólogos de la Universidad Johns Hopkins descubrieron que los tóxicos en los plásticos se estaban filtrando de los envases a los tejidos humanos.

El plástico supuso una revolución en su tiempo, y llegó a transformar toda la industria;  embalaje, almacenamiento, transporte, cosmética, higiene personal, textil, nutrición, ingeniería….

Hace poco más de un año la Revista Science Advances publicó un informe que calculaba el volumen total de plástico nunca antes producido en 8.3bn toneladas, de los cuales el 79% quedaban sin reciclar, esparcidos por la naturaleza.

Según la Fundación Ellen MacArthur, se estima en el año 2050 la cantidad de plástico presente en el Océano será superior a la cantidad de pescado.Aproximadamente, 4 bn son botellas de plástico. Una botella que tardas en usar 15 minutos puede tardar en desaparecer 450 años.

No obstante, como resultado de toda esta controversia y seguramente, como la experiencia vital de muchos nos enseña, la regulación va lenta y llega tarde, por lo que no está demás buscar alternativas fiables. Afortunadamente, la innovación lleva un ritmo mucho más rápido y surgen sustitutos al plástico que se biodegradan con facilidad y no contaminan ya que se obtienen a partir de la fermentación de materia vegetal gracias a la acción de ciertos tipos de bacteria. El resultado es prácticamente el mismo y además se produce con energía renovable. Un proceso sostenible y seguro para la salud humana y medioambiental.

La problemática para muchos es cómo vivir una vida sin plástico. ¿Es tan complicado eludirlos?

AQUÍ DEJAMOS ALGUNOS CONSEJOS QUE SIN DUDA TENDRÁN UN GRAN IMPACTO SOBRE TU SALUD Y LA DEL PLANETA.

  1. No empaquetes la comida. No será tarea fácil, todo cambio implica renuncias. Supermercados como el Mercadona siguen empaquetando el pan en bolsas de plástico. Seguro que encuentras otros locales cercanos para comprar el pan, ya muchos otros comercios ofrecen la alternativa de bolsas de papel.
  2. Evita comprar fruta empaquetada. Existen soluciones de bolsas reciclables. Haz click aquí si quieres hacerte con ellas.
  3. Cambia tus botellas de agua de plástico por botellas de agua reusable.
  4. Encuentra alternativas a tu bolsa de plástico. Hoy día es más fácil, casi todos los supermercados y comercios te ofrecen bolsas de plástico recicladas, que ya es un avance, no dejes de usarla. Supermercados como Lidl han cambiado sus bolsas de plástico por unas de papel y bastante resistentes.
  5. Compra productos de higiene personal o cosmética naturales. Los plásticos están presentes en muchos productos convencionales. 
  6. Evita almacenar comida en bolsas. Hay alternativas muy seguras.

  1. Ya tienes suficientes cds y DVDs, ahora puedes empezar por descargarte música y video de forma digital.

Y por último, enseña y difunde que es posible reducir el uso de plásticos en muchas de nuestras acciones cotidianas. El esfuerzo merecerá la pena.