Según el Informe United in Science, el estado actual del clima y las altas concentraciones de gases efecto invernadero, plantean un escenario de emergencia. Los últimos 4 años han sido los más cálidos de la historia; incendios sin precedentes, ciclones devastadores o la disminución del hielo marino en el ártico a una tasa del 12% por década, son datos más que concluyentes.

Reducir la emisión de gases capaces de limitar a 1,5 grados el calentamiento global, requiere de acciones rápidas y coordinadas en lo relativo a energía, uso de la tierra y ecosistemas, industria e infraestructuras. Sin embargo, ni en el mejor de los casos, el cambio climático  puede pararse en seco. La transición es un proceso paulatino y progresivo, que requiere medidas urgentes hoy, para evitar impactos irreversibles, mañana. Lo que se lleva destruyendo hace más de 100 años, a pasos agigantados, no se recupera de forma inmediata. Los niveles de C02 en la atmósfera y la acidización del agua de los océanos, tardarían al menos otros 100 años en llegar a niveles normales, en el supuesto caso de que cesara la emisión de gases. Es por lo tanto importante entender, que el cambio climático está pasando, y las estrategias y medidas tomadas están enfocadas, tanto a su mitigación, como a nuestra adaptación al mismo.

Actualmente, y a pesar de los esfuerzos en coordinar acciones para implantar las energías renovables, las emisiones de C02 siguen estando muy por encima de lo que el planeta puede permitirse. Lo que los científicos advierten es que la situación es tan grave ya, que puede escapar a nuestro control en cualquier momento, desencadenando el inicio de consecuencias irreversibles. La ciencia no se equivoca, y es por ello que durante la Cumbre sobre la Acción Climática, 77 países y más de 100 ciudades, se han comprometido a reducir sus emisiones de gases efecto invernadero a 0, para el año 2050. Eso significa empezar a tomar decisiones cruciales hoy.

Es una fatalidad que países como Estados Unidos, China o La India, no estén entre estos países, siendo los grandes emisores del mundo. Por esta razón, es necesario que las emisiones sean compensadas con acciones de restauración sobre la atmósfera, el suelo y el agua. Acciones que sean llevadas a cabo a cualquier nivel y en todos los países, pero que sobretodo, que no tengan necesariamente, que pasar por decisiones políticas. 

 

RESTAURAR LOS ECOSISTEMAS PARA REDUCIR LOS EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO.

 

No podemos excluir en este contexto el factor humano, no solo por la huella de carbono que dejamos, sino porque el hombre es parte del ecosistema, y puede ayudar a influenciar en él para recuperarlo y beneficiarse de ello, en muchos otros aspectos. En este sentido, surgen numerosas iniciativas entorno al concepto “Adaptación basada en Ecosistemas”, que plantean soluciones viables para reducir la vulnerabilidad de las personas y ecosistemas ante el impacto del cambio climático.

El IPCC (Panel Inter-gubernamental para el Cambio Climático) define la AbE como un “ajuste en las iniciativas y medidas encaminadas a reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante los efectos reales o esperados del cambio climático”. El objetivo es restaurar los ecosistemas, trabajando sobre sus funciones naturales para conseguir y acelerar procesos de crecimiento ecológico. Mediante estos proyectos se consigue aumentar la calidad del agua, mejorar el clima o temperatura local o retener los gases de efecto invernadero.

 

CÓMO LOS ÁRBOLES MEJORAN NUESTRA CALIDAD DE VIDA EN LAS CIUDADES.

 

Un ejemplo claro, que permite entender dichas soluciones es el proyecto Clearing House del Instituto Forestal Europeo. Su meta es llenar de árboles y bosques, diez ciudades europeas y de China. Entre las 5 ciudades europeas, hay una española, Barcelona.

Restaurar el ecosistema forestal urbano se plantea como una solución ecológica para contrarrestar los efectos del cambio climático, mejorar el bienestar de las personas y permitir el desarrollo sostenible de las ciudades. Mientras que en las áreas rurales aumenta la temperatura 1 grado por cada 20 hectáreas de bosque deforestado, las áreas urbanas se convierten en hervideros por el aumento de temperatura, debido a la escasez de árboles y el aumento de la contaminación.

Por esta razón nace la idea de este proyecto, que durante cuatro años permitirá restaurar los ecosistemas forestales urbanos. De esta forma, los árboles a través de la captación de dióxido de carbono y liberación de oxígeno, conseguirán reducir la contaminación del aire, mitigar las olas de calor y mejorar la calidad del agua.

Además, este proyecto tiene un enfoque social mucho más amplio, según explica la ecóloga del CREAF y participante del proyecto, Corina Basnou. Es muy importante contar con la participación de la sociedad en su globalidad, porque el marco del proyecto, estará particularmente ligado a los retos de justicia socio-ambiental y de género.

En este sentido, la implicación de escuelas, por su carácter educador, o de los colectivos menos favorecidos, para fomentar el empleo, es objetivo fundamental del proyecto.

 

RESTAURAR EL AGUA Y EL SUELO, UN AMBICIOSO OBJETIVO.

 

Otras excelentes iniciativas a nivel privado surgen en el marco europeo. Es el caso de “The Weather Makers”, una empresa de origen holandés, que trabaja en la restauración de los ecosistemas costeros. Su proyecto consiste en utilizar la ecología acuática y los sedimentos costeros, para poner en marcha la restauración del agua y la tierra. Este hecho, permite aumentar la humedad disponible en la cuenca y da lugar al inicio del ciclo hidrológico, que acelerará la restauración de la tierra, mediante la reutilización estratégica de los sedimentos costeros.

El objetivo final es aumentar la fertilidad y la productividad del agua y el suelo.

 

 

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