¿Cómo serán los trabajos del futuro?

En estos meses de confinamiento hemos visualizado el futuro del empleo. Reuniones virtuales, trabajo a distancia, aumento exponencial de las plataformas digitales. La Covid-19 ha cambiado nuestra forma de trabajar, una adaptación forzosa o voluntaria, para contener la expansión del virus.

Sin embargo, el interrogante que se nos plantea a todos es cómo será el trabajo después de la Covid-19. Muchas empresas y organizaciones ya han anunciado que después de esta fase “piloto”, continuarán promoviendo el teletrabajo en la medida de lo posible. Sin embargo, hasta ahora no sabíamos muy bien lo que significaba teletrabajar.

¿qué es teletrabajo?

Muchos, antes de la pandemia idealizábamos el concepto oficina virtual; mayor flexibilidad laboral, dominio de las nuevas tecnologías de la información o mejora en la gestión del tiempo. En nuestro imaginario prevalecían las ventajas; dominaríamos las habilidades digitales, conciliaríamos mejor nuestra vida profesional y personal, seríamos más eficientes y viviríamos donde uno desea.  No faltarían incluso las reuniones puntuales, en las que no perder el valor del contacto social que nos hace sentir más humanos.

Quizás la realidad laboral con la que nos hemos topado durante el confinamiento sea muy diferente. Muchas empresas no han sabido adaptarse a esta nueva gestión del trabajo que permiten las nuevas tecnologías, a lo que se ha añadido las dificultades para gestionar la calidad del empleo, así como la seguridad de los trabajadores. Otras, directamente han desaparecido, lo que ha hecho patente la vulnerabilidad de muchos sectores. Y algo no menos importante, no hay evidencias de un aumento en la calidad del trabajo, del tiempo o de la eficiencia debido al uso de nuevas tecnologías. Más bien, y en el mejor de los casos se han logrado mantener los puestos de trabajos a partir de redoblar esfuerzos.

El lado positivo es que algunas empresas, a pesar de las dificultades, han logrado reforzar sus competencias en la digitalización de los procesos, trabajo remoto y gestión de infraestructuras.

Afortunadamente la empresa del futuro, no es lo que hemos estado viviendo estos meses. Sin embargo ahora, estamos más preparados.

Aprobada la nueva ley del teletrabajo en España, que entra en vigor en octubre de 2020.

La transformación digital del trabajo, debe ir acompañada de medidas compensatorias y de soporte. Dado que, en este proceso, surgen problemáticas como la privación del sentimiento de pertenencia, la posible ampliación de la jornada laboral, la desmotivación, el aislamiento o el soporte logístico e infraestructura. Todas estas cuestiones, han aflorado en esta etapa de confinamiento y España ha tomado la delantera, aprobando de urgencia la ley más completa de toda Europa en materia de teletrabajo.

Aspectos básicos que recoge la ley de teletrabajo:

  • Se considera teletrabajo aquel correspondiente a un mínimo del 30% de la jornada, en un periodo de referencia de 3 meses.
  • Teletrabajar es opcional y debe formalizarse con acuerdo previo de las partes y rescindible en cualquier momento.
  • Se establecen «los mismos derechos que en el trabajo presencial, por ello se mantendrán iguales condiciones salariales, de estabilidad, de oportunidades o de flexibilidad y conciliación familiar.
  • La ley exige un mínimo de aspectos en función del convenio colectivo que deberán ser formalizados por escrito. Tales como; la infraestructura necesaria para el teletrabajo, los horarios, el lugar, las retribuciones, las medidas de control o duración del acuerdo.
  • Aunque es posible flexibilizar el horario de prestación de servicios, la ley establece la obligatoriedad de formalizar los tiempos de disponibilidad obligatoria y por otro lado los de “desconexión digital”.
  • La empresa debe contar con los riesgos laborales derivados del teletrabajo (psicosociales, organizativos, ergonómicos…) y establecer medidas de protección.
  • La empresa asumirá los gastos relativos a la equipación y su mantenimiento para el trabajo a distancia. En el convenio colectivo se expondrán los mecanismos para determinar y compensar los gastos relativos a la actividad a distancia.

Lo que está claro es que el periodo Covid-19 no es teletrabajo, entre otras razones porque teletrabajar no está siendo opcional, el empresario no está obligado a compensar los gastos, ni asume responsabilidades derivadas de la situación en el lugar de trabajo.

Resultado también de esta confusión, en un primer momento pudimos ver como muchos profesionales y empresas donaban sus servicios; clases gratuitas, comida, cursos online, bailes, espectáculos audiovisuales… Ahora que nuestras vidas pintan encaminadas al encierro y fruto de esta inevitable situación, se empieza a entender que los negocios cambian de espacio, pero las reglas tienen que seguir siendo las mismas. 

ACELERAR EL PROCESO DE APRENDIZAJE ANTE EL PANORAMA VIRTUAL QUE IMPONE LA COVID-19.

Vivimos en un proceso de cambio al que dada la urgencia del caso, tenemos que acelerar nuestra adaptación. No nos desplazamos para ir al centro de salud, ni al centro educativo o al centro de trabajo. Sustituimos la empatía necesaria para el desarrollo de muchas funciones y actividades diarias, por una sensación extraña de disconformidad. Nada será lo mismo sin el factor presencial que requieren profesiones y actividades rutinarias. ¿Pueden ser sustituidas las funciones de observación directa de un médico, profesor u otros profesionales, por la automatización o la sistematización? ¿A caso es el médico una máquina expendedora de recetas o un profesor, un repartidor de contenidos?

Desde luego en este proceso se han de valorar los riesgos y oportunidades, y este no es el momento de realizar análisis, dado que la crisis nos deja sin opciones. No podemos pensar sin embargo que el teletrabajo, la educación en línea, la comida a domicilio y el videostreaming, nos mantendrán ocupados y encerrados por el resto de nuestros días.

Por otro lado, el cierre de muchos negocios tradicionales o la desaparición de millones de puestos de trabajo, nos lleva a pensar que es momento de reinventarse, como consumidores y como trabajadores.

Si bien parte de estos cambios serán temporales, cuanto antes empecemos a recorrer el camino del aprendizaje hacia lo virtual, antes estaremos preparados para afrontar este nuevo periodo, del que desconocemos su duración.

En un futuro próximo menos apresurado, veremos cómo muchos negocios reconvertidos saldrán fortalecidos al manejar la automatización y la sistematización de tareas. La automatización no implicará necesariamente la desaparición de empleos y empresas, si no que de ella surgirá nuevas formas de trabajar. Una nueva economía al servicio de la mejora en la calidad del trabajo, y no incompatible con otras aptitudes innatas al ser humano.

LAS CRISIS AGRAVAN LAS DESIGUALDADES SOCIALES. Trabajo digno y crecimiento económico – ODS 8.

Dado que los períodos de crisis sociales, económicas y sanitarias son cíclicos y seguramente lo tengamos más claro que nunca, es momento de reinventar el futuro del trabajo. Salvando eso sí, las problemáticas surgidas de este “programa intensivo”, del que muchos desgraciadamente han quedado fuera. Entre otras cosas, porque es en estos períodos en los que más aumentan las desigualdades.

Desde el punto de vista de los objetivos de Desarrollo Sostenible, las crisis económicas, son crisis sociales en las que aumentan las desigualdades, que siempre terminan por pagar los mismos. Además las empresas más grandes, ganan su cuota de mercado a partir de otras que no han podido adaptarse tan rápido. De esta forma la inercia es inevitable, los ricos son más ricos y los pobres más pobres, mientras que las clases medias luchan por mantener su lugar.

Según Susan Hayter, asesora experta para la Organización Internacional del Trabajo, OIT, históricamente las crisis siempre han agudizado las desigualdades. Los trabajadores que han podido elegir trabajar a distancia son aquellos de mayor categoría o salario, mientras que los de segmentos más bajos han carecido de esta posibilidad. Esta crisis, nos ha permitido replantearnos el valor de otras profesiones cualificadas o no, que requieren presencialidad, como las relativas a los cuidados, sanitarios, profesores o empleados de cara al público. Lo relevante, en cualquier caso, es que al menos, ese replanteamiento sirva de aprendizaje para iniciar reformas que garanticen mejores condiciones retributivas, de seguridad laboral y de igualdad de derechos.

Seguimos contando con numerosos desafíos para el futuro del trabajo, y no solo en lo que respecta a la transformación digital, si no a la calidad y dignificación de todos los trabajos y especialmente de aquellos en los que las personas son imprescindibles.

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