En el mundo globalizado en el que vivimos, las pandemias más que evitables, son previsibles. Podrían denominarse también, con gran acierto, las enfermedades de la globalización. Todo lo que nos aparta de un desarrollo local y sostenible, nos acerca al origen de virus letales como el Covid-19. El desarrollo agrícola intensivo, el afinamiento de animales, los viajes y el comercio globalizado no sostenible, la deforestación, las grandes explotaciones y construcciones que invaden y destruyen los hábitats salvajes. Todas estas acciones, de enorme huella ecológica, acercan la vida salvaje a las ciudades, volviéndonos preocupantemente vulnerables a este tipo de virus.

No es posible caminar hacia un desarrollo respetuoso con el ser humano y los ecosistemas, si no dejamos de invadir hábitats, confinar, maltratar o manipular animales para su comercialización o investigación. Mientras éstas prácticas continúen, la amenaza viral es presente y futuro. Virus como el Ébola, SARS, MERS y ahora el Covid-19, son el resultado de la invasión humana en los ecosistemas salvajes. Y la caja de Pandora, no ha hecho más que abrirse. De acuerdo con el Global Virome Project, más de 1.7 millones de virus, están todavía sin descubrir en la fauna salvaje. 

COMO SURGIÓ EL COVID-19 Y CÓMO SE CONVIRTIÓ EN PANDEMIA.

Al centrar la atención en lo verdaderamente importante, la supervivencia, nos olvidamos de cómo surgió la pandemia del Covid-19. Aunque ningún estudio confirma con seguridad el animal, lo que sí se sabe es que el virus nació en Wuhan, China. Todo apunta, en uno de sus mercados en los que animales de todo tipo conviven afinados, vivos o muertos, compartiendo excrementos y sobretodo estresados. Condiciones ideales para la proliferación de virus letales como el Covid-19, advierte Rikkert Reijinen, del Fondo Internacional para el Bienestar Animal.

Mientras China despliega su propaganda como eficientes gestores de crisis sanitarias y ofrece soporte técnico, humano y material a países como España, el origen de esta pandemia queda relegado a una revisión “post mortem”. Sin embargo, muchos de nosotros nos preguntamos ¿cómo hemos llegado a esta situación? Vivimos en un mundo hiperconectado en el que la seguridad en materia sanitaria en países desarrollados, se asume como prioridad en todas las agendas políticas de estado. ¿Cómo es posible haber menospreciado un riesgo inminente?

Instituciones de la máxima autoridad en la materia como la Junta de Monitoreo e Preparación Global, o Tedros Adhanom director general de La OMS, ya venían anunciando que una gran pandemia estallaría próximamente. Los expertos advertían; “no es posible saber cuándo se va desatar un nuevo virus letal e incluso cómo evitarlo, por eso, es prioritario establecer un plan de inversión con medidas de prevención, control y planificación”.

Existen numerosos proyectos a nivel mundial que llevan años estudiando las enfermedades procedentes de virus zoonóticos (de origen animal). Uno de ellos es el Proyecto Global Virome, que, desde hace diez años, reúne a gobiernos, organizaciones y científicos. Su objetivo es generar medidas y propuestas para prepararnos ante el alto riesgo mundial de pandemias.

Los virus no surgen de la nada, están presenten en los animales en ciertas condiciones extremas de estrés. Virus como el ébola, el SARS, el Mers provienen de los murciélagos, el sida de los monos o las gripes aviares, de las aves. A lo largo de los años, diversos brotes nos han venido demostrando que la sociedad no estaba preparada, pero éste hecho, no sirvió de precedente.

La importancia de controlar el mercado de animales salvajes ha levantado una oleada de críticas y ha alzado la voz de ciudadanos de todo el mundo. Incluso en China, los científicos más relevantes del país, enviaron una carta abierta al Gobierno Chino en el que pedían la limitación de este tipo de comercio.

Christian Walzer, director ejecutivo de la ONG Wildlife Conservation Society (WSC), sostiene, “si este tipo de mercados no se controlan, y el consumo humano de animales salvajes continúa, seguiremos encarando mayores riesgos de nuevos virus, potencialmente más letales”

LA INVERSIÓN EN PREVENCIÓN Y CONTROL DE EPIDEMIAS HA SIDO MUY BAJA.

Sin embargo, ante amenazas inminentes para la salud global, muchos gobiernos apenas invirtieron en su prevención e incluso, han incumplido el principal tratado internacional para la seguridad sanitaria de la OMS.

La falta de un plan de acción previo, anticipación y medidas de prevención sitúan el panorama económico y sanitario de países como España, en un caos, dejando a especialistas y profesionales civiles, “en pañales” obligados por su profesión a trabajar sobre la marcha, poniendo en riesgo sus vidas.
Una labor que han desempeñado de forma heroica y que bien han merecido los aplausos diarios de millones de personas.
Paralelamente, surgen multitud de iniciativas sociales para animar y aportar material, como las madres que cosen mascarillas, empresarios donando espacios logísticos y material, cadenas de producción de multitud de empresas, adaptadas a las nuevas necesidades. Todas ellas iniciativas muy loables, que demuestran un espíritu de sacrificio y unión ante las adversidades, a pesar de todo, de insuficiente impacto, comparado con la magnitud de la problemática.

Sin medidas de prevención, anticipación y un plan de acción, países como España, con sistemas democráticos y con recursos, sufren el desbordamiento de una situación “inesperada”. Pasan los días y aparecen en los medios multitud de especulaciones por las que posiblemente el virus se ensañe con España. Aspectos demográficos, turismo intensivo, tipos de relacionamiento intergeneracional y comportamiento. En cualquier caso, la falta de anticipación y la escasez de recursos, están haciendo mella en la gestión de la pandemia y provocando una crisis institucional sin precedentes.

ANTE LAS DIFICULTADES DE EVITAR OTRA PANDEMIA COMO EL Covid-19, PLANES DE PREVENCIÓN Y ACTUACIÓN.

La pobreza extrema lleva a las comunidades en África a consumir carne y cerebro de animales salvajes u otros domésticos como el perro, razón por la que la rabia, a día de hoy no ha podido ser erradicada. Hay mucho de inevitable en esta situación, el hambre no entiende de escrúpulos, aún menos del riesgo de enfermedades. Por eso los expertos coinciden en que no es siempre posible controlar la propagación de este tipo de virus, en un mundo tan desigual.

Sin embargo, sí es necesario reducir prácticas que podrían ser evitables y que se relacionan directamente con el surgimiento de los virus más letales, como el Covid-19. Algunas de ellas son la comercialización, confinamiento y manipulación de animales salvajes.

China como parte de su estrategia para distraer el foco mediático, culpa a EEUU y a la Cía, entre otros, como forma de eludir responsabilidades. Por otro lado, prohíbe el consumo de animales salvajes, aunque de forma temporal y excluyendo usos medicinales o de investigación. Parecen medidas excesivamente laxas para la magnitud de la amenaza presente y futura.

Para Berhe Tekola, director de Producción y Sanidad Animal de la FAO, las medidas son insuficientes. Por otro lado, se muestra escéptico en su control, porque China no es Europa, la región más estricta del mundo. En china, un país de 1.400 millones de personas, se dan circunstancias excepcionales. Controlar o asegurarse de que cumplen con normas internacionales de seguridad mundial, sería prácticamente imposible. La falta de transparencia, sus tradiciones milenarias, zonas intensamente pobladas, complicarían el control de medidas regulatorias.

ACUERDOS A FAVOR DE LA ERRADICACIÓN DE LA MANIPULACIÓN Y COMERCIO DE ANIMALES SALVAJES.

Tekola, insiste en poner foco en las dos dificultades principales; el control y trabajar sobre su alta capacidad de transmisión, en un mundo globalizado.

A pesar de esta alta probabilidad de que los virus continúen su camino y se propaguen masivamente, no parece ser interés de instituciones internacionales, establecer un plan de regulación y control supranacional. Por un lado, para minimizar los riesgos en la ocupación de hábitats salvajes, y por otro, que prohíba la comercialización y manipulación de animales salvajes.

Al igual que ocurre con el cambio climático, no es aceptable que países con intereses económicos directos para continuar este tipo de prácticas, se nieguen a participar de acuerdos globales para evitar el daño a la vida y el planeta. Los mismos que generan el mayor impacto negativo sobre nuestro planeta, son los que se niegan a firmar acuerdos internacionales, para su mitigación y control.

Así como nos movilizamos contra el cambio climático, parecería lógico alzar nuestra voz exigiendo un control de la manipulación y comercio animal, puesto que sabemos que es una amenaza inminente para nuestra supervivencia.
El riesgo que supone para la Salud Global y el Desarrollo sostenible, la transmisión de este tipo de virus, bien merece una propuesta en serio a tratar en las próximas cumbres, dentro de la Agenda 2030.

EL Covid-19, NOS SITUA ANTE UNA NECESARIA RESTRUCTURACIÓN DEL ORDEN ECONOMICO Y SOCIAL.

El origen del Covid-19 es la falta de regulación, control y acuerdos internacionales restrictivos en materia de comercialización y manipulación de animales salvajes. Hablamos de un problema de salud global, pero también de ecología y de nuevo del hombre como destructor del mundo animal y sus hábitats. Cómo decirle al líder económico mundial que tiene que empezar a legislar seriamente en esta materia. Estamos hablando de costumbres milenarias, materia prohibida.

Por otro lado, no olvidemos, que China controla los mercados y sitúa a muchos países en una situación de extrema vulnerabilidad. El establecimiento de sanciones y medidas regulatorias afectaría muy probablemente, a acuerdos comerciales a nivel internacional.
La globalización así mismo, conlleva otra serie de problemáticas en momentos como éste. China es el principal proveedor mundial de bienes de bajo valor añadido, a bajo coste, dominando las cadenas de valor y ejerciendo el control de las operaciones logísticas. Es el caso de las mascarillas sanitarias y otros muchos productos que no fabrica España.

Relocalizar industrias, invertir y fortalecer el mercado local de sectores como el textil o la tecnología, entre otros, es necesario para reducir esta dependencia.

El Coronavirus no es únicamente una crisis sanitaria de proporciones todavía desconocidas, es ante todo una voz de alarma a una necesaria restructuración del orden económico y social.

Todos deseamos que este momento llegue a su fin y después qué. ¿Dejaremos de mantener contacto con nuestros mayores por temor a contagiarles algún otro virus latente? ¿viviremos aterrorizados ante las relaciones sociales?, ¿esperaremos que nuestro centro logístico y productivo (China), empiece a funcionar para recuperar nuestra actividad económica?

Si algo podemos aprender de todo esto es cuan pequeños somos frente a nuestra “madre naturaleza”. Si seguimos por este camino, ella acabará con nosotros, antes de que nosotros acabemos con ella.

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