La relación entre el consumo frecuente de “fast food”, y problemas de salud como la diabetes o la obesidad  es parte del saber popular. Sin embargo, ¿se conocen realmente las consecuencias de vestir todos los días “fast fashion”? Una verdad tan incómoda como costosa.

 En el caso de la comida rápida, el fácil acceso a este tipo de comida, su costo y la falta de tiempo disponible, hace que ocasionalmente caigamos en la tentación y asumamos con cierto placer y sin exceso de remordimiento, esa ingesta de grasas saturadas y de azucares 10 veces por encima de lo aconsejado. Sorprendentemente no se utiliza la misma lógica cuando hablamos del “fast fashion”, por lo que, a casi nadie se le ocurriría pensar que vestirse en los grandes representantes de la “ropa rápida” es el mismo acto insano y debería ser relegado a momentos puntuales. La razón es de una lógica aplastante, si consumes durante tres meses de forma habitual hamburguesas y cocacola, engordarás fácilmente 6 kilos, y los análisis de sangre, seguramente te dirán que estás haciendo algo mal. Sin embargo,  el uso habitual de este tipo de ropa no es algo que podamos ver ni tan a corto plazo, ni tan directamente.

El algodón, material principal en la confección textil,  representa el 17% de las liberaciones de insecticidas globales más que cualquier otro cultivo individual. Se aplica casi 1 kilogramo de pesticidas peligrosos por cada hectárea de algodón.

Los efectos negativos para el suelo y la salud de pesticidas y herbicidas químicos han sido ampliamente relacionados con químicos y agroquímicos. Es precisamente la exposición a bajas dosis y largos períodos lo que la FAO, (Food and Agriculture Organization of United Nations) considera una verdadera amenaza.

Al igual que en la industria alimenticia, en la textil, la calidad del trabajo, pero también los ingredientes y las formas de elaboración, se adaptan de forma casi exclusiva a necesidades de consumo inmediato y masivo, a bajo precio de costo y producción.

  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn
Algunos de estos químicos incluyen además; siliconas, aceites crudos como el petróleo, metales químicos, retardantes de fuego, amoniaco, entre otros, que el cuerpo humano puede absorber a través de nuestro órgano más grande, LA PIEL

En la lógica empresarial de máximo beneficio a menor costo, es sencillo concluir que para cumplir con estos bajos niveles de costes en producción e inmediatez, las empresas tengan que acudir a bajar la calidad de los procesos y los materiales. En el caso de la industria textil, el algodón más barato se produce en Uzbekistan, seguido por La India, Vietnam y China, donde el uso de mano de obra barata y la explotación infantil están extrechamente ligados. A esto, habría que sumar la calidad del trabajo y la exposición constante a sustancias peligrosas derivadas del uso de pesticidas y otros residuos químicos, presentes en los materiales utilizados en los procesos de producción.

Informes recientes de la FAO y UNEA coinciden además que pesticidas como el glifosato (Ácido aminometilfosfónico) o el DDT son altamente perjudiciales para la salud, en cualquier cantidad.

La denominada “fast fashion” no es por lo tanto lo saludable e inofensiva que nos gustaría desear. Cócteles químicos, disruptores hormonales y metales pesados ​​permanecen invisibilizados en las fibras de esa maravillosa y moderna ropa que acabamos de comprar en los grandes almacenes, para ser absorbidos por los poros del órgano más grande de nuestro cuerpo, nuestra piel. Por si fuera poco, cuando usamos telas como el nailon, el poliéster, el acrílico y el acetato (que están hechos de aceites como el petróleo crudo), nuestro mecanismo natural de eliminación de toxinas hace que los poros se abran y absorban dichas sustancias, cuyos efectos se relacionan directamente con dolores de cabeza, náuseas, erupciones en la piel, problemas respiratorios y desequilibrios endocrinos.

 Al igual que el plástico, las fibras petroquímicas impiden la respiración corporal y tintes como el azo y el añil sintético que se usan comúnmente para colorear ropa barata, contienen formaldehído y liberan aminas aromáticas, de las cuales ambas se han relacionado con el cáncer (American Cancer Society).

La agencia medioambiental de Naciones Unidas así como la OMS , Organización Mundial para la Salud, advierten de los riesgos para la salud de ciertos agroquímicos comercializados y utilizados hoy sin cortapisas. Por otro lado, los sistemas actuales de evaluación del riesgo son inadecuados para sustancias disruptoras endocrinas (alteradores hormonales, relacionados con el cáncer de testículos y mama, entre otras muchas enfermedades). La comunidad científica duda de que haya un nivel mínimo seguro y advierte sobre el “efecto cóctel” que provoca la exposición simultánea a diferentes sustancias y por diferentes medios, (piel, aire o por la ingesta de alimentos contaminados).

 En un informe emitido por la OMS, en el año 2012, acerca de las enfermedades endocrinas, se alertaba sobre el aumento de  dichas enfermedades y excluía los factores genéticos dada la proliferación de las mismas en los últimos 40 años. El Informe aludía concretamente a la falta de un sistema transparente de evaluación del riesgo para la salud humana, en la mayoría de los productos químicos comercializados.

En palabras de Dolores Romano, directora de políticas de sustancias químicas del European Environmental Bureau “La regulación de los disruptores endocrinos en Europa está paralizada por la presión que ejercen los fabricantes de pesticidas sobre la Comisión Europea y sobre los gobiernos de varios países europeos”

La historia nos enseña, y si traemos a la actualidad sucesos del pasado, seremos capaces de entender cuanto de cierto hay en estas palabras y cuanto camino queda por recorrer. El Ardicarf, sustancia química “altamente peligrosa, utilizada como pesticida durante décadas supuso la muerte directa e indirecta de miles de personas.  Bayer, comercializadora de dicha sustancia, retiró el producto del mercado por supuestos motivos comerciales y hasta acabar existencias, a finales del 2014. Demasiado reciente para no vivir al menos consciente.

Para los que sí se toman en serio la vida y el medioambiente, existen muchas prendas certificadas como orgánicas y responsables con el medio ambiente, hoy día ya muchas grandes marcas como HM, están trabajando para incluir la sostenibilidad en algunas de sus colecciones, encontrarás en las etiquetas detalles sobre materiales y procesos.

Usa prendas recicladas o busca la certificación de las prendas que compras. Fibras textiles como hemp, orgánic cotton o bambú, son alternativas sostenibles. Si ya has decidido pasarte a la Moda Responsable, han surgido muchas marcas que seguro te harán sentir bien y a la moda. Echa un vistazo al directorio de www.modaimpactopositivo.com

Share This

Share This

Share this post with your friends!