Son jóvenes, seguramente lo tuvieron mucho más fácil que sus generaciones anteriores, vivieron y viven en la economía del comprar, comprar y comprar para usar y tirar, la economía de lo insostenible, la del derroche, la de exceder el uso de nuestros recursos hasta acabar con el planeta. Esos jóvenes que ayer intuíamos incapaces de tomar las riendas de su futuro, hoy salen a la calle y protagonizan el más multitudinario acto reivindicativo contra el cambio climático y un sistema económico insostenible.

Han comprendido que el propio sistema en el que todos estábamos acomodados sin remordimiento alguno, es la causa de que su futuro pinte de un gris oscuro tirando a negro. Probablemente no estemos a tiempo de frenar el cambio climático, como alerta el reciente Informe de la ONU. Según este estudio, aun cumpliendo con los compromisos suscritos en el Acuerdo de París, la   temperatura del Ártico aumentará en 5 grados para el 2050. De hecho, el cambio climático ya está ocurriendo y podemos ver sus consecuencias; la pérdida de biodiversidad, la contaminación de los océanos, del aire, de la tierra, o de la exposición química a la que estamos sometidos, entre otros.

Sin embargo, acontecimientos como el movimiento “Fridays for future” siembran un referente y nos llenan de esperanza, ya que nos enseña a todos que la inactividad es el peor de los enemigos, incluso ante un escenario tan poco esperanzador. Jóvenes de todo el mundo alzan su voz manifestándose contra el cambio climático y la inacción de gobiernos e instituciones. Les acusan de inconscientes e incompetentes por no ser capaces de ver y actuar conforme a la urgencia de un Planeta que ya está adoleciendo.

Parece que hemos pasado del discurso de jóvenes que lo habían tenido todo fácil, sin compromiso, lucha y pasivos ante lo que les pasaba por delante a una juventud, a jóvenes capaces de  darnos una lección, apoderándose de las calles, llamando a la acción y reivindicando su derecho a tener un futuro.

La manifestación mundial más grande que ha existido contra el cambio climático liderada por una joven de 16 años, es sin duda la mejor noticia de los últimos tiempos. “No vamos a quedarnos callados e inactivos mientras los “adultos”, arruinan nuestro futuro”, proclaman. Tuvo lugar el 15 de marzo, simultáneamente, en miles de ciudades en todo el mundo. En la ciudad de Madrid, una de las masivas de España, se concentraban ya miles de jóvenes a la hora de la convocatoria organizada por el movimiento Fridays for future, el Sindicato de estudiantes y Jóvenes por el Clima. Su capacidad de organización, coordinación y coherencia han asombrado al mundo entero. Muchos de los mensajes que se leían en las pancartas también fueron comunes a las distintas ciudades participantes; – “Si el clima fuera un banco, ya lo habríais salvado”, o “Cambiemos el sistema, no el clima”.

Es cierto que el futuro, es de los jóvenes y tienen todo el derecho a reclamar ahora, sobre aquello que les dejarán las generaciones anteriores. Son conscientes de que su lucha es colectiva pero también individual, ya que su principal reivindicación; – “El cambio del modelo económico actual”-, tiene que ver mucho con un modelo de producción, pero también de decisiones de vida y consumo sostenible.

Esa impaciencia y frescura en su discurso, propias de su juventud, son actitudes cuanto menos necesarias en el reclamo de medidas urgentes, incluso aun sabiendo que cambiar el modelo económico, signifique un cambio sistémico, que no se produce con la urgencia que requiere el caso, implica cambios graduales y a todos los niveles. Las instituciones, los gobiernos, las corporaciones, pero también la ciudadanía y sus decisiones de estilo de vida y consumo, forman parte de este cambio. Y en este sentido,  los jóvenes no disponen de poder adquisitivo pero sí sobre sus actos y su palabra para persuadir a los adultos a cambiar sus hábitos y rechazar todo signo de estilo de vida insostenible en el que estaban instalados.  

En todo caso, tal y como defiende el movimiento, pasar a la acción, movilizarse y cambiar las cosas desde dentro, apelando a la generación de políticas y leyes que penalicen las actividades económicas no sostenibles y favoreciendo a partir de subvenciones y ayudas, aquellas que sí lo son, es un necesario punto de partida.

Seguramente por ser jóvenes, han aprendido muy rápido las implicancias de la pasividad ante los que toman las grandes decisiones que les afecta directamente en su presente y futuro, tales como el cambio climático, las leyes migratorias, la pluralidad, la convivencia multicultural o la lucha por un empleo digno. Han aprendido también, que su futuro pasa en buena parte por las decisiones políticas a gran escala y en este sentido la abstención de los jóvenes en las elecciones en el escenario global, se ha relacionado con hechos como la victoria de los partidos pro Brexit en Reino Unido o de Donald Trump en EEUU.

De esta forma surgen otras iniciativas juveniles, que vienen pisando fuerte y derraman compromiso y preocupación por los cuatro costados. Cambiar el estado de las cosas e incidir de forma decisiva en promover cambios desde dentro, son su razón de ser. Con esta intención nacen iniciativas como Volt y “estavezvoto”. En ambos casos apuestan por la defensa de un proyecto Europeo acorde a sus intereses, promoviendo en primer lugar el voto joven en las elecciones europeas, porque como dicen: “si somos más, sumamos más fuerza”. Los grandes cambios que necesita Europa, solo pueden  ser globales, coordinados e inclusivos,  por lo que  las elecciones europeas,  representan para ellos la oportunidad para construir una Europa plural, inclusiva, luchar por un empleo decente, el cambio climático, una economía circular y sostenible. Todas ellas preocupaciones principales de los jóvenes.

En todo caso, aunque muchos no lleguemos a ver las peores consecuencias del cambio climático, nos quedamos con el tan reconfortante hecho de ver a una juventud comprometida, saliendo a la calle y luchando, como nosotros no fuimos capaces, para reivindicar lo que es suyo, “La Tierra, el hogar de todos”. Ojala continúe por mucho tiempo.

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