Evolucionar hacia un sistema de packaging sostenible, en el que el diseño sea regenerativo en sí mismo, es lo que promueve la Economía Circular. Hasta el momento hemos comprendido que los recursos naturales se acaban, son limitados. Ahora tenemos que entender que es el momento de pasar de una economía lineal basada en la extracción y consumo intensivo a otra que restaura y regenera. Pero además eficiente con los recursos y rentable.

Existe un número creciente de proyectos y soluciones de packaging sostenible en las empresas. Sin embargo, 8 millones de plásticos siguen todavía acabando en los océanos cada año. Un desfase entre el ritmo de soluciones y su utilización a gran escala, parecería ser el motivo por el que apenas vemos los resultados de esta apuesta en firme por la sostenibilidad.

El costo social, medioambiental y económico que supondría no avanzar firmemente y a grandes pasos hacia una economía circular es inasumible. Según los Informes ampliamente contrastados de la Fundación Ellen MacArthur, no cambiar la forma en la que fabricamos y usamos plástico, nos llevaría a una crisis humanitaria sin precedentes. Nuestros océanos contendrían más plástico que peces, en un par de décadas.

Sin embargo, no es únicamente un problema medioambiental. La Fundación Ellen MacArthur estima que producir packaging o envasado de un solo uso, conlleva un costo económico de USD 80-120 millones de pérdidas para la economía global. Por otro lado, solo el 14% de esta producción de plástico se recicla. El coste de producción junto con el de reciclado, es    insostenible para las empresas y el medioambientalmente.

Según la Fundación, de continuar así la producción de plástico se multiplicará en las próximas décadas, lo que significa un aumento del consumo de petróleo.

LA ECONOMÍA CIRCULAR, UN SISTEMA SOCIO-ECONÓMICO QUE REGENERA LOS ECOSISTEMAS Y, ADEMÁS, ES RENTABLE.

No se puede decir que no se estén dando cambios, empresas vinculadas al sector alimentario o restauración ya utilizan material reciclable en sus tazas de té o zumos. Las bolsas reciclables o de papel en las compras habituales se van estandarizando de más en más, entre otras acciones.

A pesar de las apariencias, los cambios siguen siendo poco significativos en el conjunto de una problemática tan compleja y urgente.  Ciertos sectores tienen que plantearse nuevos enfoques hacia soluciones sistémicas. El sector alimentario, que utiliza las películas de plástico para el mantenimiento de productos frescos, o el sanitario, con sus miles de productos envueltos en plástico para hacer seguro el material que usan médicos y pacientes.  Así como los millones de contenedores de pequeño tamaño en estas industrias, que no parecen hacer un mayor daño.  Precisamente su alta demanda, los multiplican por miles de millones, un gran peligro, porque esas partes de plásticos aparentemente insignificantes, son las que menos se reciclan.

El problema actual de los plásticos es que nunca ha sido más barato producirlo, por el abaratamiento de la materia prima y un incremento de la demanda.

LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS ESTÁ ARRUINANDO LA LUCHA CONTRA LOS PLÁSTICOS.

Si creíamos que la pandemia estaba provocando una disminución de la contaminación, nada más lejos de la realidad. La industria del plástico ha aumentado su producción en al menos dos dígitos. Por un lado, los consumidores, redoblan sus esfuerzos en higiene, utilizando bolsas y todo tipo de envases de un solo uso. Por otro, las industrias vinculadas a la protección médica o la alimentación, aumentan inevitablemente la producción de plásticos por medidas de seguridad.

Y es que las alternativas que aseguren los niveles de higiene o seguridad que hoy se pueden conseguir con los plásticos, están poco estandarizadas y en fase de investigación. Sin embargo, son precisamente esas características las que dificultan su reciclado y las que son difícil de incorporar a otros materiales de fácil descomposición o reutilizables.

Por esta razón, algunas compañías punteras en innovación, trabajan para “mejorar el reciclado”, es decir, convertir los residuos plásticos en todo tipo de plásticos nuevos sin perder sus cualidades. Aunque el objetivo en primer lugar es reducir, después sustituir y por último reciclar, la imparable industria del plástico, convierte esta opción, en una solución necesaria.

En todo caso, actualmente, las leyes de mercado hacen que ni siquiera esa solución pueda funcionar. Durante la crisis del Coronavirus, debido a la bajada en picado del precio del petróleo, es mucho más barato producir plástico nuevo, a partir de combustibles fósiles.

EVOLUCIONAR HACIA UN nuevo sistema de PACKAGING SOSTENIBLE, o MORIR.

Existen razones de peso para que las empresas rompan esta inercia y hagan el cambio hacia el packaging sostenible. Una extensa encuesta a más de 15.000 consumidores en EEUU y Europa descubrió que 3 de cada 4 encuestados (74%) estaban dispuestos a pagar más por envases sostenibles. El estudio, 2020 Global Buying Green Report realizado por Boston Consulting Group, también puso de manifiesto que más de la mitad de los encuestados busca activamente información acerca del reciclaje o sostenibilidad.

Tanto por la dificultad de reciclar los materiales plásticos y su grave impacto en el medioambiente o el valor económico que se pierde en materiales desechables, la economía circular, es la única vía posible. Implica una oportunidad de mercado, una demanda imparable y la única opción posible hacia un crecimiento seguro y sostenible. Es un hecho que la única razón que impide a las empresas iniciar el camino hacia la circularidad es un pensamiento cortoplacista vinculado a un retorno inmediato de la inversión. Por esta razón es en este momento, “que resulta tan barato contaminar el planeta”, cuando se hace dramáticamente necesaria un normativa clara y urgente, apoyada por políticas de incentivo.

ENTREVISTA A NICOLA CERANTOLA, experto en Economía y Negocios Circulares.

Hablamos con Nicola Cerantola, experto en Economía Circular, para que nos explique las dificultades y oportunidades de las empresas en su inminente transición hacia el packaging sostenible.

– Por ejemplo, se habla de alternativas comestibles, de fácil descomposición, solubles en agua o compostables. ¿Cuáles son las mejores soluciones de cara a no seguir asumiendo una huella considerable en su descomposición? ¿Son alternativas rentables con respecto al uso del plástico?

Nicola Cerantola: Las alternativas están y son cada vez más numerosas. Sin embargo, muchas empresas están esperando a que los gobiernos marquen una dirección clara. Como está pasando con las pajitas y otros elementos de un sólo uso que se están regulando. 

«No podemos seguir asumiendo el coste ambiental de los envases de usar y tirar,

las empresas lo saben, pero están esperando a que el gobierno se pronuncie.

Enfocar políticas para incentivar estas soluciones y desincentivar

la producción del plásticode origen fósil, sería un buen comienzo.

Empezar a diseñar pensando en ser carbono positivo».

Es decir, no basta solamente con ser biodegradable, porque entonces la pregunta que nos tenemos que hacer es ¿Qué sentido tienen la acumulación de más restos que podrían suponer nuevos peligros para el medioambiente?

La solución está en una decisión política en la que se marque una fecha para realizar la transición hacia soluciones de packaging sostenible. Ya estamos viendo que desde Europa se empezó a enfocar la problemática, pero se necesita una mayor contundencia.

Tenemos ejemplos que pueden actuar de referente sobre el camino a seguir. La industria de la automoción se adaptó rápidamente a la normativa de limitar las emisiones o de aumentar la reciclabilidad de los vehículos fuera de uso y buscó soluciones. Se les dio un plazo y se fortaleció la innovación industrial en esa dirección. Esto mismo se necesita para el resto de sectores. Mientras no haya políticas claras que además marquen las pautas sobre cómo tiene que ser esta transición, las empresas en su mayoría, no moverán ficha hasta el último momento. 

Tiene que haber un catalizador de todas estas soluciones, porque las empresas no lo ven claro y no pondrán en riesgo su cadena productiva, cuando no saben que impondrán el gobierno en los próximos años. Esto es lo que me han trasladado empresas con las que he trabajado a nivel internacional. Saben que se va imponer una alternativa, pero no queda claro del todo cuál será la magnitud de las medidas, por lo cual prefieren esperar antes de tomar decisiones en este sentido.

– Cuáles son los desafíos en la sustitución de materiales como los plásticos convencionales. Sabemos que estos plásticos, contienen así mismo, diferentes materias que cumplen con determinadas características necesarias para productos frescos o sanidad, como resistencia al agua, hermeticidad, seguridad. Son precisamente todas esas funciones lo que dificulta su descomposición. Algunos expertos hablan de nano ingeniería, para crear un material reciclable a partir de bloques de construcción molecular que pueda suplantar el complejo packaging multicapa de plástico no reciclable.

Nicola Cerantola: Se está trabajando en diferentes tecnologías y direcciones. En el caso de la nano ingeniería no se ha llegado aún a conclusiones definitivas. Su aplicación en condiciones de seguridad sigue en estudio y con esto, además, deberíamos tener cuidado. No podemos llenarnos de nano componentes que luego no sepamos cómo trabajar al final de su vida útil.

Actualmente me iría más a la raíz, desmaterializar los envases, acortar las cadenas de suministro, tratar de encontrar un equilibrio entre higiene, seguridad y aspecto. Y esto último sería otro tema relevante a tratar, dado que muchas veces el envase cumple una función de marketing y en realidad, es innecesario. En este sentido es muy importante establecer controles que regulen abusos en su producción y utilización. Al fin y al cabo, cuando existe la posibilidad de generar un negocio alrededor de un sector, nacen los conflictos de interés y la especulación.

– Otras alternativas como desechos de alimentos, papel o metal, se plantean como la solución para bolsas, envases de alimentos, limpieza o higiene. ¿Es una solución viable a gran escala sustituir el plástico basado en combustibles fósiles, por la celulosa de la madera, o el metal? ¿Qué impacto sobre el medioambiente generaría este cambio? Se entiende que la tasa de reciclaje es mucho más alta en estos materiales… y además se emplean mecanismos de restauración de ecosistemas.

Nicola Cerantola: Efectivamente, hay que trabajar en esta dirección. Sustituir el plástico por otros materiales que permitan un reciclado mucho más eficiente, es una de las soluciones. En todo caso, tenemos que priorizar reutilizar los residuos que vamos generando, en vez de utilizar otros recursos naturales. Hay que aprovechar, por ejemplo, los miles de toneladas de residuos orgánicos que generamos a diario y a partir de aquí crear biomateriales seguros y compostables.

Por otro lado, el papel y el metal son materiales que se pueden reciclar eficientemente gracias a sus propiedades y por su alto valor en el mercado. Sin embargo, el plástico, por la heterogeneidad en sus componentes, son de difícil recuperación y terminan en el medioambiente de manera descontrolada. Además, se genera una cantidad tan grande de residuo plástico, que los centros de reciclaje tienen dificultad en gestionarlo.  Este hecho, les “obliga” de alguna manera, a mandar estos residuos al vertedero.

Se hace necesario pensar en la vuelta a una economía local de envases retornables de vidrio, metal o plástico resistente y duradero. Para mí el futuro será un híbrido entre los sistemas retornables y de reciclaje eficiente como pueda ser el del papel y los envases compostables.

– La escalabilidad. ¿Cómo se integraría a industrias tan asentadas en el plástico? Cómo es el escenario en el que nos deberíamos mover, para hacer sistémicas estas alternativas al plástico (la industria ve como un costo, mas que una oportunidad de negocio, su paso a un packaging circular / el estado promueve a través de políticas específicas, como objetivos obligatorios de contenido reciclado en nuevos materiales / compras públicas ecológicas…).

Nicola Cerantola: Se preveía para el 2025 un aumento del packaging a nivel mundial del 47%, por lo tanto, la industria del packaging no tiene interés alguno en reducir el consumo. El problema es que el consumo sigue subiendo y lo hará a partir de esta pandemia a pasos agigantados. Los guantes, mascarillas, la promoción de una política de usar y tirar, para evitar contagios…Estamos intentando resolver un problema, provocando otro, que nos llevará a una crisis esta vez, sin retorno.

Y esto es una crítica directa al sistema de gestión de residuos concentrado en manos de muy pocos, que genera un negocio de gran magnitud. Por lo tanto, se va consolidando un círculo perverso de intereses en torno a la gestión de residuos. No interesa reducir los residuos, si necesitas doble o triple capa para empaquetar tu producto, pues excelente, porque luego ese coste se repercutirá en el cliente final.

Muchas empresas viven del derroche y hay que tratar de poner en evidencia posibles conflictos de interés y prácticas sospechosas. En este sentido, sólo podemos apelar a la ética de los negocios, y a una regulación normativa más estricta, además de la constante y necesaria presión de la sociedad civil hacia una transparencia del sector.

– Las políticas basadas únicamente en medidas impulsadas por la demanda, no están creando un marco ambicioso para que las empresas emprendan acciones urgentes en este campo. ¿Qué se está haciendo desde el sector público en España, estamos muy atrás con respecto a otros países? Cuáles son las dificultades que están encontrando las empresas en España. ¿Podrías trasladarnos algún caso práctico aplicado con éxito en el exterior?

Nicola Cerantola: Hay una falta de dirección política en este sentido. Aunque ahora está todo parado con la pandemia, tenemos que ser optimistas. Desde hace más de un año se están moviendo cosas desde una perspectiva “oficial”. Se ha creado un ministerio de transición ecológica, hay un plan España Circular 2030, la ley del cambio climático, la compra pública verde, entre otras. Hay muchas cosas que se están empezando a hacer también a nivel europeo, por ejemplo, el Green Deal, el problema es que tenemos que acelerar el paso. Es de absoluta prioridad plantear un horizonte 2025-30, no podemos esperar a 2050. Sin lugar a dudas, llegamos tarde.

Aunque un escenario de coordinación a nivel supranacional, como el Green Deal, es necesario, cada país tiene que poder adaptar su sistema a la realidad local.

La implementación de cada sistema de gestión de residuos debe adaptarse al territorio y su contexto, por ejemplo, en Francia, llevan años centrados en el cero desperdicio en la alimentación, trabajan en profundidad todos los aspectos de la ecología, poniendo el foco en la educación. Otros países como Holanda o Finlandia, con unas políticas a 360 grados, cuentan con ayudas desde el gobierno a la industria y la población, para todo lo relacionado con la eficiencia energética, la gestión de residuos y la sostenibilidad.

– Por último, en esta crisis global que vivimos por la pandemia Covid-19, se habla mucho de las consecuencias económicas. Concretamente, los expertos en economía hablan de que los países que no tengan economías locales fuertes, tendrán muchas dificultades para salir de la crisis. Como defensor de un desarrollo local, a través de una Economía Circular, ¿qué medidas aconsejarías a las empresas para encaminarse hacia estrategias más locales de desarrollo, desde el enfoque de la Economía Circular?

Nicola Cerantola: Es un buen momento para que las empresas hagan una reflexión profunda sobre cuál es su misión y valor, cómo pueden ser rentables al mismo tiempo que aportan a la sociedad en la que están instaladas. Muchas empresas en su forma de operar o a lo que se dedican, no tienen razón de existir, no aportan nada, sino que consumen recursos, sus empleados son números y sus directivos tienen el síndrome de Estocolmo, secuestrados por los grandes bancos y los inversores.

Necesitamos empresas que aporten al desarrollo de una economía local, una economía regenerativa, que restaura y recupera, que evita la extracción y la producción intensiva del usar y tirar.  Esas son las empresas en las que invertir y consumir, el resto se las llevará la “selección natural”, evolucionar o desaparecer. Las empresas deben buscar la resiliencia, ser capaces de encontrar los principios de la naturaleza y aplicarlos a su ámbito.

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