La presencia de sustancias químicas tóxicas en productos de uso doméstico, forma parte de las grandes preocupaciones de la población europea según datos de la EEB. Environmental European Bureau. Una preocupación ampliamente fundamentada por numerosos estudios y muestras poblacionales que confirman la presencia de sustancias tóxicas en nuestra sangre.   

Según datos confirmados por la Comisión Europea, en Europa se utilizan unas 100.000 sustancias químicas, de las cuales el 74% son peligrosas. La exposición diaria a una mezcla de sustancias tóxicas está relacionada con problemas de salud, infertilidad y la extinción de animales.

Afortunadamente, el medioambiente, la salud global, los movimientos sociales y las ONGs que han trabajado incansablemente para propiciar la actualización de las leyes de seguridad química en el espacio europeo, han ganado su primera batalla.

Hace apenas unas semanas, el 14 de octubre, La Comisión Europea (CE) aprobó la “Estrategia comunitaria de química para la sostenibilidad”. Se enmarca en el “Pacto Verde Europeo” de contaminación Cero para 2050.

Aunque las leyes, en esta materia son de las más restrictivas del mundo, la CE, ha reconocido que son ineficientes en regular y frenar la producción masiva de productos químicos peligrosos. Al mismo tiempo, justifica su decisión por estar asentada en una base científica que demuestra la relación entre la exposición diaria a numerosas sustancias químicas tóxicas, y problemas graves de salud.

“El público”, estaba correctamente preocupado. “Nos enfrentamos a una grave y creciente amenaza de un enemigo invisible”, expresa Tatiana Santos, directora de evaluación de productos químicos de la Oficina Europea de Medio Ambiente.

ELIMINACIÓN PROGRESIVA DE LOS PRODUCTOS QUíMICOS MÁS TÓXICOS.

No se trata de negar la industria química, porque estaríamos negando el progreso. Los productos químicos, han contribuido decisivamente en la industrialización, la mejora de la calidad de vida y el desarrollo de las sociedades modernas. También van a jugar un papel fundamental en el desarrollo de tecnologías para lograr una economía circular y la transición ecológica. Sin embargo, el desarrollo de esta industria tiene que realizarse en condiciones muy diferentes de las que hasta ahora se han hecho, de forma que no perjudique el medioambiente o la salud humana. La clave está en establecer el control necesario para producir y utilizar estas sustancias de forma segura, y eliminar definitivamente, las sustancias químicas más tóxicas en el hogar.

La UE, no había dado un paso tan valiente, hasta el momento, debido a la gran presión ejercida por los diferentes lobbies de la industria química. Estos lobbies, habían estado bloqueando continuamente la adopción de medidas contra las sustancias más peligrosas, como los disruptores endocrinos.

El Plan, por lo tanto, se recibe con gran entusiasmo y contempla, de forma prioritaria, la prohibición de cualquier sustancia que cause cáncer, mutación genética, afecte al sistema endocrino, con propiedades persistentes o bioacumulativas. Estas sustancias están presentes en productos como; envasado de alimentos, juguetes, productos de puericultura, cosméticos, detergentes, muebles y textiles.

Contaminación por sustancias químicas tóxicas.

En el RoadMap, establecido por la Comisión Europea para atacar la problemática, se explica los daños directos en la salud, el medioambiente y los costos sociales y económicos de la contaminación química. En el mismo informe, se hace referencia al número preocupantemente creciente (según ensayos clínicos en la población) de sustancias químicas en la sangre humana. Estos compuestos también están presentes en los ecosistemas, y muchos de ellos están clasificadas como “sustancias peligrosas muy persistentes”. La reducción de los residuos tóxicos en el medioambiente, tiene otro capítulo en el Pacto Verde Europeo.

PRINCIPALES DISRUPTORES ENDOCRINOS. Los PFAS, químicos permanentes.

La contaminación química está en el aire, el agua, en nuestras casas, en la oficina y en nuestros propios cuerpos. Una de las prohibiciones con mayor prioridad es la de las sustancias químicas que dañan el sistema endocrino, inmunológico y respiratorio. Los más conocidos son los disruptores endocrinos (EDCs), entre ellos los PFAS, son las siglas en inglés de las sustancias perfluoroalquiladas. Estas sustancias, denominadas “disruptores endocrinos” tienen el poder de alterar la acción hormonal, por lo tanto, son especialmente peligrosos en el desarrollo del organismo. Además de los daños sobre la hormona tiroidea, también puede provocar daños hepáticos, renales e inmunitarios. Sustituir estos contaminantes permanentes y eliminar la producción para el consumo diario, forma parte esencial de la estrategia Detox europea.

Actualmente las prohibiciones relativas a ciertos disruptores endocrinos como el BPA de los biberones y utensilios para bebes, han servido de muy poco, porque han seguido utilizándose en otros productos de uso frecuente, como envoltorios de alimentos o juguetes.

Sobre las cantidades seguras recomendadas de estas sustancias químicas peligrosas, las indicaciones de la EFSA, Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria, quedan totalmente invalidadas. Uno de los grandes avances de este Plan de Regulación, es el reconocimiento público del efecto cocktail de químicos peligrosos. Confirmando lo que hasta ahora, no se había admitido de forma rotunda por una autoridad reconocida. Y es que “Cualquier cantidad es un riesgo”, porque no puede controlarse el efecto de la combinación e interacción con otras sustancias peligrosas.

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Dinamarca, prohibió en abril del 2019 lo envases para alimentos con PFAS por su alta toxicidad / Imagen papel de envolver kebab Photo by Alana Harris on Unsplash

¿Dónde se encuentran los disruptores endocrinos?

Convivimos con numerosas sustancias químicas denominadas “disruptores endocrinos”, podemos encontrarlas en alimentos, textiles, cosmética o el agua potable. Concretamente, los PFAS, al final de su vida útil, contaminan suelo y aguas subterráneas a través de vertederos, llegando a los animales y a la cadena alimentaria. Regular y reducir su producción es la mejor de las soluciones. Pertenecientes a la familia de los PFAS son los PFOS (sulfonato de perfluorooctano). Su uso ha sido gradualmente eliminado por la industria, aunque siguen en el medioambiente. Estos compuestos químicos están directamente relacionados con tumores en numerosos ensayos con animales.

Mientras la regulación se hace efectiva, hay muchos productos que podemos evitar. Empieza por tomar ciertas medidas.

  • Eliminar de la dieta alimentos envasados y ultraprocesados.
  • Consumir en la medida de lo posible productos ecológicos. Existen controles más exhaustivos de los niveles de tóxicos en la tierra y en el agua. Por otro lado, no utilizan aditivos o sustancias químicas peligrosas en su elaboración y empaquetado.
  • Evitar productos con antiadherentes de teflón, como las sartenes, o el hilo dental.
  • Eludir productos textiles o calzado con repelentes de agua y manchas, pulidores, ceras, pinturas, productos de limpieza que lleven abrillantadores.
  • No utilizar productos envueltos en papel para absorber la grasa, como las palomitas, kebab o pizzas.
  • No comprar o utilizar juguetes o productos plásticos que sean importados de países fuera de la UE, (no existe una legislación restrictiva como la europea).

La UE, tiene la oportunidad de mostrar su firme decisión por una Europa Libre de Tóxicos.

Por el momento, no deja de ser una estrategia marcada, basada en un conjunto de buenas intenciones que esperamos, se hagan realidad. Sin embargo, el hecho de que la CE, se haya planteado en firme dar solución a una problemática tan cuestionada por todos, es sin duda un gran paso. Apoyar financieramente a la industria química para realizar la transición es una de las medidas, porque Europa necesita una industria química innovadora, pero ante todo responsable y sostenible. Lo que implica, poner al ser humano y el medioambiente por delante del interés económico.

La industria química, tendrá que ganarse su lugar en el mercado, en base a sacrificar rentabilidad a corto plazo por seguridad, control y bienestar social. El Plan de la UE establece medidas y ayudas gubernamentales para favorecer esta transición, pero no se pronuncia sobre la obligatoriedad de pagar según el principio inapelable de “quien contamina paga”. Este posicionamiento levanta las sospechas de los más escépticos, en parte porque la industria que genera uno de los mayores costes sanitarios, está en manos de los hombres más poderosos de Europa.

Todos deseamos que la Comisión Europea liderada por Von der Leyen, siga construyendo su reputación en base a llevar a la acción rigurosamente las estrategias marcadas en el “Green Deal”. Es momento de pasar a acelerar los mecanismos y combatir la parálisis burocrática intencionada en el control de los productos químicos más peligrosos.

Existe aún un amplio margen para mejorar los marcos legislativos en los que la industria química puede trabajar. En todo caso, será imprescindible crear unos estándares de verificación muy altos e independientes para evitar el incumplimiento de las normas e imponer tolerancia cero al no cumplimiento.

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