Existen fórmulas que garantizan un trabajo digno y de calidad, al servicio de las personas. El COOPERATIVISMO, es una de ellas.

Es inherente a este modelo de organización, el interés por alinear el trabajo digno y de calidad con un crecimiento económico en beneficio de la comunidad, la participación democrática, la formación interna y el impacto social y medioambiental.

Las cooperativas de trabajo son un ejemplo a seguir en el marco de la economía social. Un modelo empresarial democrático, que plantea una alternativa contrapuesta al modelo capitalista, por el cual, no importa el cómo, el fin es maximizar los resultados.

El papel del Cooperativismo, es decisivo en la construcción de un nuevo modelo económico con valores, en armonía con la naturaleza, que fomenta el desarrollo local, la justicia social, la igualdad de oportunidades, en definitiva, el desarrollo sostenible.

Las cooperativas en su carácter genérico, nacen por la voluntad de un grupo de personas que buscan satisfacer necesidades económicas, sociales, culturales y/o medioambientales afines. El impacto social, queda en las comunidades, y los beneficios económicos, no se reparte entre los accionistas (porque no existen), si no entre los socios y se reinvierte, según decisión de los miembros.

Según datos de COCETA, Confederación Española de Cooperativas de Trabajo, las cooperativas de trabajo se pueden enorgullecer de ser empresas donde la igualdad es real: más del 50% de las cooperativistas son mujeres.

Y quizás un dato, aún más relevante; “Las Cooperativas de trabajo, además de ser organizaciones sostenibles en su esencia, generan riqueza, como demuestran los más de 60.000 millones de euros que en el año 2018, produjeron las Cooperativas españolas.

La sostenibilidad medioambiental y la lucha contra la precariedad laboral, prioridades en los programas de gobierno.

Esta creciente preocupación por la creación de una economía social y solidaria, también forma parte de la agenda pública de gobiernos municipales, autonómicos y estatales.

Los agentes de la economía social, como son las cooperativas, tienen una oportunidad única, para trabajar conjuntamente con el sector público, en la generación de conocimiento, la visibilidad y los beneficios fiscales. El fin último es mejorar las condiciones laborales, creando empleo digno y duradero, a la vez que se genera un impacto social y medioambiental positivo en el territorio.

Es en este marco que las Cooperativas de trabajo, toman más sentido que nunca, porque albergan una larga experiencia en la economía al servicio del ciudadano. En este sentido, entidades como Cooperama, la Unión de Cooperativas de Madrid, cuentan con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid, por segundo año consecutivo, para la creación y consolidación de las Cooperativas de trabajo.

Este proyecto de colaboración, CONCOOP, representa un instrumento imprescindible como agente de cambio de la economía local para favorecer el crecimiento y la competitividad de las cooperativas de trabajo, así como su posicionamiento en el mercado, contribuyendo a alinearlas con los objetivos de desarrollo sostenible. El proyecto persigue avanzar en la consolidación de las estructuras organizativas y de negocio de esta fórmula jurídica.

Este objetivo se consigue a partir de consultorías adaptadas a las necesidades de las cooperativas y abordando problemáticas concretas, cuya resolución permite avanzar hacia una economía social, más igualitaria, con empleo digno y duradero.

El alineamiento del nuevo gobierno con la Economía Social, abre aún más las expectativas a un trabajo conjunto en el que las Cooperativas salgan reforzadas, y actúen como palanca de cambio hacia una economía más justa, representadas por empresarios sociales comprometidos con el territorio, la innovación y el desarrollo sostenible.

Si estás interesado/a en conocer y/o participar en el proyecto de apoyo a la consolidación de cooperativas (CONCOOP) contacta por e-mail en secretaria.tecnica@cooperama.coop.

En la otra cara de la moneda, datos de la OIT, confirman que la precariedad laboral sigue acelerándose después de la crisis.

Tener un empleo digno y de calidad es un derecho humano, sin embargo, todavía relegado a unos pocos, en países desarrollados como España.  Si atendemos a la definición de “país desarrollado”, confirmamos que se refiere a países con alto grado de industrialización, cuyos ciudadanos disfrutan de un alto estándar o calidad de vida. Es por lo tanto una contrariedad, que un país desarrollado como España, con supuestos altos niveles de calidad de vida, por definición, encabece, según datos confirmados por la OIT, la lista de países con mayor precariedad laboral en Europa.

La precariedad laboral, implica salarios injustos o insuficientes, desprotección social/laboral, ausencia de libertad de expresión o participación en decisiones y desigualdad. Todo ello, difícilmente relacionado por lo que se entiende como calidad o estándar de vida alto.

El error está en relacionar la calidad de vida con la renta per cápita, dado que éste indicador, ignora que las desigualdades económicas entre los habitantes, lejos de desaparecer durante la crisis, siguen aumentando. Así lo denuncia el Informe de Intermón Oxfam; Desigualdad 1 – igualdad de oportunidades 0. La inmovilidad social y la condena de la pobreza.

Nos encontramos por lo tanto ante la necesidad de un cambio de sistema económico, que por un lado maneje indicadores que reflejen la realidad social y económica del país y, en consecuencia, proponga medidas a favor del bienestar social de la población en su conjunto. Un sistema que garantice la protección social de las familias, la igualdad, el trabajo digno y de calidad en condiciones de equidad, libertad y dignidad humana.

La solución es una economía basada en un equilibrio social y económico.

El sistema económico que explota al máximo los recursos naturales y humanos, en favor del mayor beneficio económico a corto plazo, se tambalea, toca fondo. La degradación de la vida y nuestros ecosistemas, son suficientes razones de peso para dar fin a este sistema económico instaurado en la sociedad. Urge la necesidad de crear una economía comprometida con un crecimiento equilibrado. Un crecimiento sostenible, apoyado en fórmulas que garanticen una economía al servicio de las personas y el medioambiente, pero no menos importante, una economía próspera y rentable.

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